Para hablar de la vida no se necesita estudio, con vivir es suficiente, tan sólo se trata de recoger experiencias e intercambiarlas con otros para enriquecer el criterio y el carácter, que al final, es lo único que tal vez tengamos como propio.
Reflexiono sobre esto aprovechando el comienzo de año como una forma de promover la construcción de lazos que generen movimientos transformadores de la sociedad y a manera de gratitud por el hecho de poder expresar a través de este medio algunas de las ideas que me dejan los momentos que comparto con otros.
Y es que en esas conversaciones fugaces o eternas con amigos y desconocidos es posible encontrar posiciones, argumentos e historias que invitan a abrir la mente para entender nuestra relación con el mundo y aunque algunas veces se termine en confrontación, creo que son más las ideas que nos unen que las que nos separan.
Destaco aquí algunas en las que he encontrado coincidencia durante mis últimos diálogos: el reconocimiento, tener un legado y conocer el mundo, los enuncio para describirlos porque es fascinante notar que así las vidas de muchos de nosotros hayan tenido caminos distintos hay momentos en los que nos encontramos, los cuales sin duda hay que festejar con ese trueque que nos permite la comunicación.
Para empezar, he notado que el reconocimiento no se trata sólo de tener reputación o fama, consiste también en que los demás sepan qué tipo de personas somos: nuestros gustos, valores, deseos... y por qué no, nuestros defectos y debilidades, aunque en este mundo agreste a veces eso no sea deseable porque tenemos miedo a que nos hagan daño, pero más allá de eso, permitir que otros descubran nuestra autenticidad puede darle más valor a eso que nos hace únicos y a la vez cercanos los demás.
También he visto que todos con los que he conversado quieren dejar una huella en el mundo y que no sea sólo en el cemento fresco, la idea es que para alguien más sirva lo que hacen lo cual me parece bastante loable porque lo que hoy conocemos ha sido gracias a las relaciones colaborativas, el mundo se ha construido a muchas manos y por ello valoro demasiado que sea más fuerte el ánimo de crear para compartir que sólo quedarse con la fórmula secreta.
Pero nada de esto sería posible sin romper las barreras geográficas y lingüísticas que hay con los demás, viajar permite quitarse los prejuicios y abandonar los estereotipos, muy seguramente el mundo interconectado en el que vivimos nos ha dejado ver otras realidades pero no hay mejor forma que experimentarlas para nutrir el alma, de pronto es que conservamos algo de ese espíritu nómada de nuestros antepasados, no lo sé.
Por estas razones es que he logrado concluir que la vida consiste en disfrutar el viaje mientras se llega al destino, más allá de un triunfo único, el hecho de conocer lugares, personas y formas de vida amplían nuestra imagen del mundo y nos permiten construir un relaciones más duraderas basadas en la autenticidad que sin duda van a lograr, más tarde que temprano, cambiar la realidad tosca en la que nos desenvolvemos a diario.
Publicado en Opinión a la Plaza el 19 de enero de 2014.