domingo, 24 de noviembre de 2013

¡Qué tristeza!

Hoy me siento muy triste, nada sale bien... descubrí que sacaron de mi cuenta un dinero que tenía de un préstamo, casi dos meses de salario, no entiendo por qué hay gente que hace eso... lo de las necesidades es sólo una excusa, sé que hay ofertas laborales, que aunque no paguen lo que a un congresista permiten vivir decentemente sin hacerle mal a nadie.

No me cabe en la cabeza que entre similares queramos jodernos, es lo que pasa cuando un taxista le cobra demás a uno ¿acaso cree que a uno la plata se la regalan?, al contrario, le toca trabajarla arduamente para que un malintencionado le quite de buenas a primeras lo que a uno le ha costado.

De verdad no sé por qué nos empeñamos en hacernos daño, si uno le pide un favor a un amigo es tan cínico que le dice que a uno no puede ayudarle pero unos días después se vanagloria diciendo que a otros sí les pudo hacer el favor que a uno no.

No es solamente lo de esta plata, es que... ahhh para qué enumerar cada cosa que quisiera fuera diferente... ¿será que le estoy pidiendo mucho a la vida? no creo, yo me he esforzado para que las cosas mejoren pero no pasa nada, es cierto, no puedo negar que estoy mejor que hace un tiempo, pero falta mucho para sentirme satisfecha...

En fin... qué tristeza.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Fiebre de Fútbol

Otro partido de la Selección Colombia, otra vez ese ánimo fiestero, las calles inundadas de camisetas y banderas con los colores amarillo, azul y rojo, de nuevo esa fe que promete lo que sea con tal de que el equipo gane, los televisores a todo volumen y los bares repletos de fervientes hinchas.

Sí, es cierto, no me gusta el fútbol, me aburre, hubo una época en la que gustó mucho incluso estaba pendiente de las ligas extranjeras, los puntajes y hasta de los cambios de los jugadores a uno u otro equipo, pero eso se acabó hace ya un buen tiempo y prefiero que así sea, el motivo es simple: no estoy de acuerdo con ese orgullo patrio que invade todas las actividades previas y posteriores a los partidos de la Selección.

Por supuesto entiendo que en un País como este donde hay tantas situaciones difíciles la gente hastiada prefiera olvidarse de todo y dejarse llevar por las alegrías que ahora trae el fútbol, claro cuando no es entre equipos regionales, sin embargo, creo que tanto entusiasmo mediático no es más que un efecto distractor que anestesia toda crítica posible y que da vía libre a quienes con su poder siguen sacando provecho de lo que a todos nos pertenece.

Sé que mezclar fútbol y política es algo así como un coctel molotov, incluso son temas prohibidos en la mesa porque causan tanta polémica que indigestan, pero lamentablemente extraerse de la realidad sólo ahonda los problemas y de alguna manera le resta credibilidad al ejercicio ciudadano de control y veeduría, al fin y al cabo hay que celebrar el triunfo o ahogar la pena de la derrota y como cada uno tiene sus problemas "para qué nos amargamos si  nada va a cambiar".

No pretendo decir que está bien o mal dedicarle tiempo a vivir el fútbol, sólo quiero dar cuenta de otra postura que no encuentra diversión esas casi dos horas de juego, que no sufre por un tiro de esquina sino por concentrarse para continuar con su vida, que siente miedo de pedir permiso para una cita médica porque tal vez piensen que es para volarse a ver el partido o al que tal vez dejaron plantado en una cita porque no alcanzaron a salir antes de que comenzara.

Y es que en este País supuestamente pluralista es bastante problemático opinar que a uno no le importa el resultado de los partidos de la Selección Nacional, tristemente la dictadura de las mayorías critica y tilda de antipatriotas o amargados a los que no disfrutamos del fútbol colombiano, pero no se trata de eso, es que sencillamente no se comparte el gusto, tan sólo preferimos invertir esos minutos en algo que nos produce mayor alegría o que sí nos resulta interesante.


Ahora que ya Colombia se encuentra clasificada a la Copa Mundial de Fútbol y que la gente celebró con cerveza y harina en las calles no sobra hacer un llamado a la cordura para que exista ese mínimo respeto por el ciudadano para el que su vida no gira en torno al fútbol, para que deje de ser un problema eso de no estar de acuerdo con el orgullo patrio que por la emoción tal vez deja de lado la realidad de País en el que vive, para que no traten de contagiarnos su fiebre de fútbol.

Publicado en Opinión a la Plaza el 20 de octubre de 2013.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Puro cambio y transformación

Hace unos 3 años comencé a experimentar una sensación muy desagradable: nada me motivaba, me sentía infeliz, atada a una realidad muy lejana de mis sueños y expectativas, intenté buscar consejo y consuelo entre los conocidos pero sólo lograron abrumarme con sus prejuicios y apaciguar mi ánimo de cambio.

Había mucha inconformidad en mi corazón, mucha nostalgia por lo que no había podido ser y mucha frustración por lo que era: tenía 27 años, un trabajo estable, un carro, varias tarjetas de crédito y acababa de terminar de pagar el crédito con el que estudié el pregrado, era una vida normal, muy estándar para mi gusto, fue cuando una frase lapidaria me invitó al cambio: "ya tiene su carrito, ahora tiene que hacerse a su apartamentico", internamente la completé con "luego se consigue un esposito y llegan los hijitos".

Nada pudo haberme repudiado más que semejante vida tan lineal, respetable para una señora de setenta y pico pero nada deseable para mí, me sentí tan ofendida que de inmediato empecé a pensar en que tenía que vender el carro, salir de las tarjetas de crédito y enfocarme en otra línea de trabajo para darle un giro a mi vida o de lo contrario iba a terminar cumpliendo esa profecía.

Fue así como la vida empezó a mostrarme posibilidades que jamás había explorado, desde ese entonces he conocido personas que me han motivado a ir por un camino propio, he visto que es posible evadir al Sistema o mejor, he notado cómo puedo ponerlo a funcionar a mi servicio para no ser un títere más, he ido a lugares que jamás pensé visitar, incluso, ahora sé que es posible adaptarme sin perder mi esencia.

Por supuesto no ha sido fácil, siempre hay algún dedo apuntándome por salirme de los convencionalismos, de vez en cuando mi otro yo me sabotea o me hace zancadilla, dudo, dudo mucho sobre lo que quiero, pero como dijo uno de los personajes de esta historia "lo importante es saber quién quieres ser"... y sí, más allá de un título profesional o laboral y de las cosas que uno pueda tener lo valioso de la vida es ser alguien con quien uno se sienta satisfecho, eso es algo que estoy logrando y por lo que me siento muy feliz.

Es raro pero de un tiempo para acá siento que volví a nacer, es como si antes de estos últimos 3 años hubiera vivido en modo piloto automático porque me ocupé tanto en lo seguir la línea que perdí el horizonte, por eso ahora me siento muy bien de todo lo que ha transcurrido en este tiempo, porque las crisis que causaron esas decisiones tomadas sin total consciencia han permitido que el cambio sea posible, me han fortalecido y me han inspirado a arriesgarme.

Hoy escribo ésto porque veo que nada ha sido en vano, porque estoy en un buen lugar, por supuesto quiero estar en uno mejor, pero siento que es necesario agradecer por lo que hoy soy... porque ha habido situaciones que me han forzado a perder la compostura pero la inspiración que llevo dentro minimiza todo esfuerzo mundano por amargarme... es muy chévere esta sensación.

Y nada mejor que esta canción que me emociona cada vez que la oigo:

El lado soleado de la calle - Cuarteto de Nos