miércoles, 26 de diciembre de 2012

Pasto: una grata sorpresa

En mayo de 2011, no recuerdo bien la fecha, tuve que ir por trabajo a Pasto, era la primera vez que viajaba a esa ciudad. Luego de un vuelo corto, 45 minutos, las montañas del aeropuerto de Chachagüi se destacaban en el horizonte y el cielo nublado mágicamente se despejaba, al bajar del avión se percibía un clima cálido, mi primer pensamiento fue "no es tan frío como dicen", afirmación del que no conoce.

Ya en el taxi que me llevaría a Pasto el clima comenzó a tornarse frío, el viaje fue por una carretera de muchas curvas, 56 en un recorrido de 28 kilómetros según me comentó un taxista, un dato que  no sé qué tan cierto sea pero que me impresionó, por eso lo destaco.

Al ingresar a la ciudad se veían casas que se extendían hacia las montañas del Valle de Atriz, edificios de no más de 5 pisos, calles un maltratadas por el paso de tractomulas y un cielo cubierto de nubes.

Después de la jornada laboral dos compañeros me invitaron a tomar hervido, la bebida típica de la región, en el ambiente del restaurante el olor a canela y aguardiente se mezclaban y auguraban un momento para apaciguar el frío de la ciudad pues este trago es una infusión de los ingredientes ya mencionados con jugo de lulo o mora, su sabor dulce con un toque ácido lo hacía tan agradable no dudé en pedir uno más.

Al día siguiente tuve la oportunidad de ver al famoso Volcán Galeras entre la espesa neblina de la lluvia, me impactó su tamaño y la cercanía a la ciudad, parecía una montaña inofensiva pero es una amenaza latente pues es un volcán activo.


Ya en la noche recibí la invitación más esperada: ir a comer cuy, desde que supe que iba a viajar a Pasto sabía que era un plan obligatorio. Para muchos puede ser algo normal, pero para mí, que odio los ratones, que dejé de ver Tom y Jerry cuando me agarró la fobia por esos animales, era todo un reto porque el cuy es un roedor.

Cuando llegamos al restaurante, algo así como un asadero de pollos, evité mirar justo hacia el asador, entré con desconfianza de sólo pensar que iba a ver uno de esos animales por ahí, aunque no era lógico obviamente. A mi acompañante le había dicho que me daba impresión comerme un animal de esos pero que era imposible no hacerlo pues si no era en el lugar de donde es representativo no lo iba a hacer, ante esa confesión ella lo pidió sin cabeza y cortado en trozos, algo que le agradecí profundamente.

Pasados 15 minutos nuestro manjar llegó a la mesa y casi me muero del susto, con tan sólo ver las patas y las uñas me entró un ataque de risa nerviosa que intenté disimular sin mayor éxito, al ver que yo no era capaz de probar el primer bocado mi compañera me dijo "si quiere le quito las patas", lo único que hice fue asentir con la cabeza, no podía parar de reírme.

Luego de eso era inevitable comer así que agarré el primer pedazo con la mano, me lo llevé a la boca y me lo pasé sin saborearlo tratando de evitar hacer gestos que pudieran demostrar algún tipo de desaprobación, me daba pena, con el transcurrir de los minutos fui perdiendo la impresión, masticaba con normalidad percibiendo el sabor que es como a pollo aunque el aspecto es similar al de la carne de cerdo.

Cada bocado de cuy lo alternaba con sorbos de gaseosa, mordiscos de papa salada y puñados de maíz pira que me llevaron a decir "me llené, ya no puedo comer más", dejando servidas 4 porciones, la mitad del animal. Entre risas mi compañera insistía en que comiera más pero le dije "no, ya estuvo bien el experimento" y fue así como terminó ese momento eterno en el que me comí uno de mis más grandes temores.

Para despedirme de Pasto fui a la Laguna de La Cocha o Lago Guamuéz que queda como a treinta minutos en carro por la carretera que va al Putumayo. A medida que avanza el trayecto se empieza a ver una gran reserva forestal y de pronto como si nada aparece un espejo de agua bordeado por nubes.


Mi acompañante me indicó que el recorrido por la laguna era casi obligatorio por lo que nos embarcamos en una de las varias lanchas que hay en uno de los brazos de la laguna con destino a la isla de La Cotora, un santuario de flora y fauna, la cual se recorre en 20 minutos a través de un sendero que llega hasta un mirador donde se ve la gran extensión de la laguna.



Cuando volvimos a la lancha empezaron a caer gotas que se convirtieron en un aguacero torrencial  llenando de aventura el regreso a tierra firme por el oleaje que hacía que la lancha se moviera de lado a lado. 




El viaje culminó almorzando trucha de la laguna en un restaurante de una familia afro y con la calma que deja la tormenta que creo se puede sentir a través de esta última foto.

Tal como lo dijera su seudónimo, Pasto fue la ciudad sorpresa, un lugar del que no esperaba nada pero que me atrapó con sus hermosos paisajes y el encanto de sus habitantes.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Arauca, la frontera

Hay lugares a los que uno viaja por descanso o diversión, a muchos otros se llega por trabajo, ese siempre ha sido el caso cuando he ido a Arauca, la capital del departamento que lleva el mismo nombre.

La primera vez fue en abril de 2008, el avión en el que iba tenía capacidad para 50 pasajeros, incluida la tripulación, era pequeño y aún conservaba su olor a nuevo. Al hacer check-in en el Aeropuerto El Dorado en Bogotá había escogido el puesto que da a la ventana, sin embargo, cuando subí al avión había una niña de unos 12 años sentada en mi lugar, tuve el dilema moral sobre si pedirle que se retirara, pero como pudo más mi gusto por ver el paisaje, la niña se cambió a la silla contigua que era la que le correspondía, una vez despegó el avión dijo “¿me puedes dar la mano? Es que me da miedo”, me sentí mal por no haberle cedido mi silla, pero luego el sentimiento se desvaneció y comenzamos a hablar.

El vuelo transcurrió tranquilo, sin precipitaciones, ya llegando la niña me volvió a tomar de la mano,  cerró muy fuerte los ojos  y no pudo evitar dar un pequeño grito, la apreté fuerte para que sintiera seguridad aunque debo confesar que también sentí nervios por el aterrizaje.

Lo primero que percibí al llegar fue el calor, la poca brisa que pasaba era caliente y no había manera de refrescarse más que teniendo el aire acondicionado lo más frío posible, según el IDEAM* la temperatura promedio del año es de 35 grados centígrados, con una máxima de 40 grados y humedad del 75%, según comentaban los lugareños había días en que se percibían temperaturas de 45 grados, en conclusión, el calor era insoportable.

Normalmente cuando se habla de Arauca muchas personas no recuerdan que es un departamento fronterizo con la hermana República Bolivariana de Venezuela, pues a pesar de que yo lo sabía fue sorprendente ver la influencia del país vecino en esta ciudad: en las tiendas primaban los productos venezolanos, en la televisión gran cantidad de canales eran también venezolanos y en las calles la mayoría de carros tenían placas obviamente venezolanas.

Incluso el gran atractivo es ir a El Amparo**, municipio venezolano hasta donde hay paso libre (sin permiso o visa) para colombianos, allí se compran víveres y elementos de aseo por precios 3 veces más bajos que en ciudades como Bogotá.

Para llegar sólo se necesita un carro con placa de Venezuela, para evitar la suspicacia de la Guardia venezolana, bolívares y un maletín discreto pues según decían sólo se pueden comprar 3 productos iguales para evitar el monopolio.

Aunque también se puede pasar en lancha o canoa, así lo hice una vez por invitación de un guía local voluntario, por tan sólo mil pesos navegamos por el río que divide a Colombia de Venezuela en una embarcación de madera impulsada por el remo de su dueño. Confieso me asusté al subir, en el recorrido y al bajar, imaginaba el momento de caer al agua pues la canoa se tambaleaba y no contábamos con chalecos salvavidas por si pasaba algo, "eso aquí no se usa" me dijo el señor que me acompañaba, fueron 5 minutos largos.


El Amparo desde Arauca por el punto donde cruzan las lanchas. 
Fotografía y pie de foto tomados de la versión web del periódico El Mundo de España. http://www.elmundo.es/america/2011/02/06/colombia/1297004520.html

¿Qué más puedo decir de Arauca Capital? que es una ciudad con ambiente de pueblo, pequeña, de casas grandes con techos altos, donde se acostumbra a almorzar de 12 a 2 de la tarde tiempo en el cual todos los almacenes cierran, con gente muy amable y orgullosa de su municipio, un lugar en el que la tranquilidad es más un ambiente de tensa calma pues los problemas de seguridad en el departamento no cesan pese a que cuentan con un Distrito Militar y una Estación de Policía en la capital.

A Arauca fui 3 veces más, las novedades del último viaje fueron el cambio de avión por uno de mayor capacidad y que esa vez sí fui preparada para las comprar, llegué a Bogotá con una caja llena de jabones, cremas dentales, desodorantes que me duraron todo un año.

Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Medellín

La primera vez que visité Medellín viajé en bus la noche de un viernes en junio de 2007, durante las dos semanas anteriores había llovido bastante, se reportaban derrumbes en la carretera por lo que tenía cierto temor sobre las condiciones del viaje, sin embargo, comprados los tiquetes con una semana de anticipación no había marcha atrás.

Luego de algo más de una hora de viaje casi todos los que íbamos en el bus estábamos dormidos, todo era paz y tranquilidad hasta que un loco, "enmariguanado" dijo el conductor, nos despertó gritando "¡pare, pare, que nos vamos a estrellar!", abrí los ojos de inmediato y con el corazón en la mano y la cabeza confundida miré hacia todos lados para comprobar lo que decía, fue un instante de tensión que se desvaneció cuando oí la risa del conductor y noté que no era cierto.

De vez en cuando me acomodaba en la silla, revisaba llevar conmigo todos mis objetos personales y que el señor que iba a mi lado no estuviera en actitud sospechosa hacia mí, siempre he sido un poco paranoica y estando sola peor.

En uno de esos momentos vi que empezábamos a pasar por el puente que cruza el Río Magdalena, noté que era inmenso y que no se comparaba con los charcos gigantes a los que les daba ese nombre cuando estaba en el colegio, las luces del puente iluminaban el agua que se veía como una gran mancha negra, se percibía el calor en las bombillas, fue algo emotivo.

Ya comenzando el amanecer volví a despertarme y poco a poco fui viendo cómo lo urbano le robaba espacio a la montaña para abrirle camino a la ciudad, había una gran cantidad de urbanizaciones que se separaban cada vez menos a medida que avanzaba el camino, la neblina de la mañana se despejaba para convertirse en nubes, supuse que era efecto del calor que comenzaba a sentirse a pesar de la lluvia, de un momento a otro aparecieron ante mis ojos un sinnúmero de edificaciones, estaba en Medellín.


Llegué al Terminal del Sur y tomé un taxi, le dije que iba para El Poblado y ante la pregunta sobre cuál ruta escoger sólo pude tratar de fingir que conocía las vías que me estaba indicando y elegí una, nunca supe si fue una buena decisión. El señor me hablaba y yo sólo trataba de disimular que era la primera vez que estaba allí, efectos de la paranoia.

Me impresionó una valla publicitaria gigante cerca a la Plaza de Toros La Macarena que invitaba a las mujeres a quererse como son y a evitar la bulimia y la anorexia, pensé en la utilidad del mensaje para una ciudad insignia de la moda, la costura y las mujeres de medidas exuberantes.

Algo sabía sobre el sector en el cual una amiga me alojaría pero no imaginaba que se diferenciara tanto de los de la entrada a la ciudad, era un conjunto de tres torres de 18 pisos cada una, el apartamento no tendría más de cinco años de construcción, tenía un balcón desde donde se veía gran parte de la ciudad y el Aeropuerto Enrique Olaya Herrera, del cual vi despegar y aterrizar varios aviones como si estuviera jugando con una pista en frente mío.


Para no extenderme sólo diré que pasé por los lugares turísticos de la Ciudad, caminé muchísimo y en casi 50 horas traté de conocer lo que más pude, lo bonito claro está, porque si bien para esa época la situación de orden público no era tan difícil como ahora, es bastante conocido que Medellín tiene altos índices de inseguridad y delincuencia común en lugares donde por supuesto no vamos los turistas.


Vista desde el Metro Cable, medio de transporte masivo.

Luego de un maratónico fin de semana, la mayor satisfacción fue atreverme a hacer un recorrido tan largo sola, 9 horas de ida y de regreso me hicieron dar cuenta que vale la pena el agotamiento de la semana siguiente por vivir una experiencia más allá de las imágenes televisadas.

martes, 4 de diciembre de 2012

La Fortuna de Viajar

Pensando sobre qué escribir esta semana recordé que tenía pendiente hacer una entrada sobre viajes y haciendo memoria de los lugares que he visitado entendí que no puede ser sólo una, me propondré hacer una serie de no sé cuántos capítulos sobre cada pueblo o ciudad por la que he pasado y escribo pueblo aunque no sea políticamente correcto porque me parece una palabra simpática, no le veo lo peyorativo.

Tengo muchas ideas y frases sueltas sobre los viajes, pero la que más retumba en mi cabeza es que viajar es una fortuna, no sólo porque se asemeja a tener un tesoro, sino también, porque en muchas ocasiones se convierte en un evento que sucede de manera inesperada, tal como lo dice el diccionario.

Para muchas personas ir de un lugar a otro puede ser tan normal que le pierden el gusto, para mí no habría peor situación que esa, es como si uno se resignara a vivir en la cotidianidad, sí es cierto que hay ocasiones en que viajar muy seguido cansa aunque es más por estar acostumbrado a la comida de la casa, a la cama y, en mi caso, a la almohada, yo puedo dormir hasta en una fiesta con mil vatios de potencia de un parlante en el oído (tengo testigos), pero nunca con una mala almohada, no puede ser blandita, tampoco dura, no muy alta pero si es bajita peor, que no tenga pedazos de algodón apelmazados dentro y que ojalá tenga una funda blanca, de lo contrario no puedo confiarle mi cabeza.

Más allá de eso, viajar es tener la posibilidad de ver el mundo con otros ojos, de aprender de otras culturas, otra idiosincrasia, de conocer personas con las que uno jamás habría imaginado interactuar, es algo que abre la mente y que lo convierte a uno en un ser, sino más respetuoso, por lo menos más tolerante.

Soy de la filosofía de "arrancar para donde digan", no le pongo mucho ´pero´ al lugar o a las condiciones, a la compañía sí, incluso a veces prefiero viajar sola, eso de compartir habitación para disminuir gastos, llegar a acuerdos sobre dónde comer y qué planes hacer puede llevar a disgustos o a que alguno tenga que resignarse a hacer lo que no quiere por evitar confrontaciones y eso hace que el viaje no sea tan grato, aunque ayuda a forjar el carácter.

Sólo espero poder transmitir todas esas emociones que me han producido los viajes que he realizado, no será fácil recordar con detalle situaciones que pasaron hace varios años... haré mi mejor esfuerzo.


Bucaramanga, Santander. 12 de Julio de 2008. Vuelo en Parapente.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Paseo en Bici-Taxi

La primera vez que monté en un Bici-Taxi fue para ir desde el Portal Sur del sistema de transporte masivo hasta los primeros límites del barrio El Perdomo en Bogotá.

Fue una experiencia muy divertida, era casi mediodía y el sol abrasaba, fue por esa razón que preferí en lugar de tomar un bus aventurarme a viajar en un bici-taxi.

Lo primero era saber cuánto costaba el trayecto sin parecer que jamás había utilizado el servicio, supongo que no habré sido muy convincente pero por sólo "mil pesitos mona" el conductor me llevaría a mi destino, más o menos 10 cuadras bogotanas, es decir, unas 15 en cualquier otro lugar. Le dije dónde tenía que quedarme, me subí a la cabina y arrancamos.

Mientras el señor pedaleaba yo pensaba en todo el esfuerzo físico que requería ese oficio: mover la estructura, soportar los kilos de la persona que solicita el servicio, aguantar el sol y muchas veces la lluvia.

Quise tomarle fotos porque era todo un evento en mi vida, evité hacerlo para no parecer una extraña en un lugar donde es evidente quién no es del barrio, por tratar de pasar de bajo perfil.

Cuando íbamos llegando no sabía cómo decirle al señor que parara, que me dejara ya, que no quería parecer una princesa bajando de su carroza por la flojera que tenía de caminar bajo el sol, finalmente me atreví a gritar para indicarle que me quedaría unos metros antes, el bici-taxi se detuvo, me bajé y le pagué al conductor, un señor atlético, de tez blanca enrojecida por el sol, ojos verdes y gorra.

Luego de eso siempre que puedo viajo en bici-taxi porque además de parecerme una aventura sé que es una fuente de trabajo para personas que no tienen empleos formales, aunque no deja de darme miedo la fragilidad de vehículo pues en la mayoría de ellos la cabina del pasajero sólo es una tela con vidrios de plástico.

Aquí una foto casual que le tomé a un bicitaxista al otro extremo de la ciudad.


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Caras vemos, nacionalidades no sabemos.

Nunca me había sentido diferente hasta que me empezaron a asociar con los orientales, jamás me había dado cuenta, yo era simplemente una colombiana más, no sé cómo fue que descubrí que sí, que tengo los ojos rasgados y facciones no tan mestizas, además de ser más que blanca como amarilla.

Un día, como en 2006, fui con mi hermana a un almacén de variedades chinas, me puse un sombrero y parecía una vietnamita lista para recoger arroz. Tanto que ella me dijo que había aprendido a hablar muy bien español.

Otro día, iba en un bus de transmilenio, sentada como cosa rara, había una señora de pie con una mata, me ofrecí a llevársela y de inmediato me preguntó de dónde era, le dije "de aquí" y ella muy sonriente me dijo "pareces como coreana".

Hace dos años estaba pensando en el disfraz de halloween y la idea de una compañera fue "deberías disfrazarte de sailor moon, ya tienes los ojos".

La semana pasada que me maquille, casi nunca lo hago, me dijeron "si fueras más blanca te verías como una geisha".

Pero con todo y eso no, mi única relación con el lejano oriente es la obsesión de mi papá con los programas sobre la guerra de Vietnam, una compañera del colegio que es de Corea del Sur y que obviamente fui fiel televidente de Sailor Moon.

A mí me parece muy divertido, a propósito, alguna vez también me dijeron que parecía francesa dizque porque tengo la nariz respingada, yo sólo pienso que tengo presencia internacional y sonrío cada vez que alguien sale con una nueva ocurrencia sobre mi origen.


miércoles, 14 de noviembre de 2012

Desaparecidos

No hay peor dolor que tener un familiar desaparecido, sea o no por el conflicto armado, la intriga, la angustia, la zozobra son aterradoras.

Se vive en constante alerta por encontrar a esa persona, viva o muerta, al final lo que importa es saber dónde está, la esperanza siempre se aferra a que la noticia sea que aún vive, pese a que muchas veces sea lo contrario.

Cada familia lo asume según su temple, sus costumbres, algunas procuran detener el tiempo para que cuando la persona aparezca sienta la cercanía de antes, otras emprenden una búsqueda sin igual, muchas otras se resignan y sólo esperan que un día vuelva.

Eso fue lo que hizo mi abuela Mercedes, una mujer noble, católica profundamente creyente y practicante de la fe, decidió dejar en manos de Dios que su hijo Alejandro algún día volviera a comunicarse como lo hizo en el año 1988, nunca quiso forzar un reencuentro, murió esperando que su hijo regresara.

Él se fue de su casa por diferencias irreconciliables con mi abuelo, era otra época, mantuvo contacto con uno de los hermanos a través de cartas y esporádicas llamadas, pero luego no se supo más de él.

Hoy, una de sus hermanas lo busca, quiere conocerlo me dijo, él se fue cuando era muy pequeña, sólo lo recuerda por una foto que había en la casa, le gustaría saber por qué no volvió, contarle que sus papás fallecieron hace algo más de dos años, decirle que siempre lo tuvo presente.

Me comprometí a ayudarle, pero confieso que me da temor lo que podamos hallar: ¿y si resulta que estuvo en malos pasos? ¿y si está muerto? ¿y si nunca lo encontramos? ¿y que tal que sea guerrillero, paramilitar o narcotraficante? ¿y si nunca le importó el sufrimiento de mi abuela? ¿y si no quiere saber nada de su pasado?

Es extraño, por muchos años no supe de esta situación, cuando me enteré quise salir con letreros a la calle para que apareciera y darle ese consuelo a mi abuela, pero a medida que crecí lo olvidé, ahora que ha resurgido el tema espero tener la valentía para acudir a todas las instancias posibles y tener alguna noticia.

Escribo esto porque recibí respuesta de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, dicen que no tienen competencia pues la desaparición no fue en el marco del conflicto.

Recordé esta canción, tiene muchas versiones pero ninguna supera el sentimiento de la original: Desaparecidos - Rubén Blades http://www.youtube.com/watch?v=wGl-fQxMY9E.

domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Bailas? No, gracias.

No entiendo por qué a tantas personas les gusta bailar en pareja, para mí es una tortura, sólo pensarlo me hace sentir incómoda, sentir el cuerpo de un extraño tan cerca me parece invasivo y algunas veces desagradable.

La aversión la he tenido siempre, pero, como todo ser humano en busca de aceptación, lo hice durante un tiempo, bailé con amigos, con tíos, primos y hasta con mi abuelo, bailé en pareja, en círculo, en trencito, bailé en la fiesta familiar, de rumba con desconocidos y en la reunión de la empresa. En todas las ocasiones y en todos los escenarios bailé ocultando que no me gusta hacerlo o, tal vez, aceptando que es algo que me tocó por el hecho de haber nacido en un país latino y tropical, sin negar claro, que por momentos llegué a disfrutarlo.

Pero es que una cosa es soltar el cuerpo y dejarlo que se exprese a través de los movimientos y otra muy distinta es tener sincronía con un sujeto al son de merengue, salsa o vallenato, cuando uno simplemente se deja llevar por la música se siente libre, sólo hay que sentir, pero cuando hay que coordinar con otro siquiera para no pisarse hay una verdadera tensión, no es nada agradable para mí.

Siempre digo que lo mío no es el baile, que tengo el paso del robot, que no tengo ese espíritu latino, en realidad no es así, hasta buen ritmo tengo, lo que pasa es que mi mente bloquea mis extremidades y me vuelvo un tanto torpe, pero es más por andar pendiente del ritual en sí: la invitación del tipo a bailar, el agarrón de mano, la inevitable charla, estar alerta de que no se le baje la mano a la nalga, sentir el sudor de la otra mano o la alta temperatura corporal, parecer agradable, en fin, es eso lo que me fastidia.

Sé que para muchos es indispensable que su pareja sepa bailar, dicen que es un afrodisiaco, para mí no, hace unos días concluí que eso del baile en pareja no es más que una convención social, como ayudar a los ancianos o saludar al lugar donde uno llega, nada más. De hecho, es una manera de seducir, lo fue la cumbia y lo es el reguetón, pero eso es lo que no soporto.

Por eso, en virtud de la poca madurez que puedo tener, me declaro evadida de todo plan que implique bailar en pareja.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Los sentimientos que despierta la guerra

Hoy no fue un día cualquiera, parecía que lo sería, la rutina como siempre agobiando al espíritu que se niega a doblegarse en espacios reducidos... pero no lo fue.

Hoy le vi la cara a la manipulación, fue triste, vergonzoso, no pude mirarle fijamente a los ojos, me dolió la vida.

Hoy conocí la historia de una mujer valiente a quien la vida le ha puesto pruebas que tal vez yo no soportaría, una mujer de 32 años con tres hijos, madre cabeza de hogar, víctima de desplazamiento.

Ella, vestida de negro y con cara de desolación, acudió a mi oficina buscando una salida a sus problemas, yo, que había leído un recuento de las situaciones por las que había pasado no quería causarle más daño del que ya ha vivido.

Le pregunté en que le podía ayudar, me dijo que quería irse de Bogotá, por la torpeza que se adueñó de mí quise indagar sobre los motivos que por correo ya conocía, con la voz entrecortada me dijo que se sentía insegura en esta ciudad, tomó aire, no pudo seguir hablando.

Me sentí tan mal, quería darle consuelo, decirle que todo iba a estar bien, sólo atiné a preguntarle si quería agua, le dije que no se preocupara, que ya sabía la historia, que no era necesario recordarla otra vez, suspiró y me agradeció, fui por un vaso de agua esperando que se tranquilizara, en ese momento pensé que debía demostrarle mi consideración, que esa era al menos una forma de hacerlo.

Cuando volví el sol de las 2:30 de la tarde le iluminaba la cara, parecía tener otro semblante, hablamos un rato más sobre los trámites que se debían cumplir para su solicitud, le ayudé en lo que institucionalmente era posible, ella, noble y esperanzada, se despidió agradecida, yo, en un pequeño gesto de solidaridad pasé mi mano sobre su brazo para reconfortarla, un acto tal vez inútil pero sincero, de corazón.

Me quedó la frustración de no tener cómo hacer algo más por ella, por sus hijos, ahora que escribo esto siento unas horribles ganas de llorar, se repite en mi cabeza esa charla y me veo abrazándola y llorando con ella por lo que le pasó como una manera de hacer catarsis y dejar que las lágrimas se lleven los recuerdos amargos para que su alma sane y pueda recobrar el aliento para seguir luchando por su familia.

Contrario a lo que se pudiera esperar no destila odio o rencor, se ve temerosa y ansiosa por dejar todo atrás, algo tendré que hacer para ayudarle, lo haré mi causa personal, espero más adelante tener un final feliz para esta historia.

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La víctima de la que escribo trabajaba como defensora de derechos de las comunidades indígenas del oriente colombiano, fue testigo de la planeación de una masacre presuntamente acordada entre el gobierno local y paramilitares por cuya denuncia ha sido víctima de múltiples violaciones sexuales, tortura y persecución en varias ciudades del país, han querido manipularla para que guarde silencio.

Por seguridad y confidencialidad de la información no es posible revelar su nombre y apellidos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Quería conocer a Alí

Quería conocer a un chico que se llama Alí, un árabe que por coincidencia se cruzó con mi mamá, ella me contó que había ido al lugar donde trabaja y que hablaba muy bien español.

Como buena mamá le conoció la vida en 3 minutos, que había llegado hace como 2 meses a Colombia, que tenía un almacén de telas, que el tío llevaba 20 años en el país y que se había quedado encantado, que tenía un primo y que estaba llamando a su familia.

Le dije a mi mamá que me gustaría conocerlo, que le diera mi teléfono, que le dijera que escribo en este blog, que aunque no es muy visitado es un espacio para escribir sobre todo, que me gustaría saber qué motiva a una persona a venir a vivir acá cuando otros queremos irnos.

A los dos días Alí estaba de nuevo donde trabaja mi mamá, ella le comentó y en un principio accedió a llamarme para concertar una cita para charlar, pero luego de unos minutos de reflexión Alí le dijo a mi mamá que mejor no, que cuando viniera el primo que conocía más la ciudad, que le dijera mejor a él.

Fue triste no conocer a Alí, no poder preguntarle cómo es la vida allá en Oriente Medio, si se ha sentido discriminado en este país, quería saber qué piensa del conflicto en el que vivimos, cómo se imaginaba Bogotá, a qué se iba a dedicar aquí donde todo es incierto.

No se pudo, tal vez haya creído que quería secuestrarlo o extorsionarlo, tal vez le haya dado miedo por todo lo que sale en los noticieros día tras día, me había encantado hablar con él, ya había imaginado el diálogo, de pronto más adelante accede a conversar.

viernes, 24 de agosto de 2012

El día que terminé en ¡UNA RUMBA GAY!

Era sábado de finales de octubre o comienzos de noviembre de 2007, en la ciudad se sentía el ánimo fiestero propio de Halloween, con algunos amigos habíamos pensado salir de rumba pero ninguno tenía disfraz y obvio la gracia de esa fecha es el atuendo. Luego de pensarlo toda la tarde decidimos unirnos al festejo, de particular, mejor dicho, sin disfraz.

Llegamos a la famosa zona rosa de Bogotá, las calles estaban inundadas de gente, se respiraba euforia de los disfrazados, se oían las comparaciones de los transeúntes ´normales´, había más de un encartado pues su vestido sobrepasaba sus propias dimensiones, sobraban las carcajadas de los apenados.

Como las entradas de todos los bares estaban adornadas por filas de aquellos deseosos de descontrol, decidimos caminar hasta encontrar algún sitio donde no tocara esperar o rogar para ingresar, fue así como llegamos a la 94 con 15 donde vimos un lugar con no más de 10 personas y decidimos que allí pasaríamos lo que quedaba de la noche de Halloween, ya eran como las once.

Adentro todo era alegría, gente bailando, gritando y concursando por el mejor disfraz, algo muy común para la fecha, si bien no éramos los únicos con ´ropita de trabajo´ sí nos sentíamos extraños, lógicamente pensábamos que era por no estar disfrazados pero con el transcurrir de las horas vimos que era más por nuestra condición de heterosexuales que por otra cosa.

Debo aclarar que no tengo lío con los homosexuales, por mí que viva el amor, hombre con hombre, mujer con mujer, qué importa, es mejor vivir rodeados de amor que morir por odio, pero aunque eso no es lo importante en esta historia, debo confesar que sí me sorprendió terminar en ese lugar.

Lo descubrimos cuando una del grupo dijo con asombro algo como "esas dos viejas se están rumbeando", todos volteamos a mirar (las cosas que uno hace cuando le falta calle), luego seguimos revisando meticulosamente para ver a quien más ´pillábamos´ en ese plan, con cada parpadeo aparecían más y más parejas besándose, tocándose, era increíble pero también obvio, estábamos en un bar gay.

Fue algo inesperado y jamás planeado, pero entrados en gastos ¡qué carajos! había que disfrutar, la música era buena, el ambiente también, nadie nos estaba echando o haciendo mala cara por ser heterosexuales, no íbamos a dejar de estar ahí por prejuicio.

Cuando terminó la rumba, en medio de risas la conclusión fue "estos gays sí que pasan bueno".

viernes, 17 de agosto de 2012

Coqui

Un día, cuando recorría las calles del centro de Bogotá, recordé la historia de un perro familiar la cual escribí hace años y que ahora reproduzco con algunas mejoras.

Se llamaba Coqui, no sé si así se escriba, porque tampoco sé quien le puso ese nombre para preguntarle, era un perrito muy particular, no sé a qué raza pertenecía, pero podría decir que era "chandoso" o "criollo".

Era de tamaño mediano, café, de pelo más bien fino y con una cola larga y peluda, su característica más sobresaliente era su brotado ojo izquierdo, entre azul y verdoso, siempre creímos que era ciego de ese ojo, aunque nunca lo confirmamos, su otro ojo era café.

Coqui fue el perrito que nunca tuve en mi casa, era el perro de la familia, vivía en la casa de mis nonos, abuelos para los que desconocen el término, en el Socorro, Santander, y lo veía todas las vacaciones, es decir, toda la vida, porque nunca supe en qué momento entró a ser parte de la familia.

Cuando viajábamos al Socorro Coqui siempre estaba ahí, salía a nuestro encuentro y nos batía su cola dándonos la bienvenida a una o dos semanas de integración familiar.

El lugar favorito de Coqui, lo digo porque estaba ahí la mayor parte del tiempo, era debajo de la mesa del comedor, supongo que era uno de los pocos lugares frescos en medio del calor socorrano. Al momento en que nos sentábamos a desayunar, almorzar o comer solía ocurrir el mismo accidente, alguien le pisaba una pata al correr la silla y al oír el llanto del perrito no había otra reacción que regañar al que había lastimado a Coqui.

Para mis primos y para mí era una distracción que Coqui estuviera rondando el comedor porque le hablábamos y en varias ocasiones le dábamos de lo que comíamos por lo que nos ganábamos el llamado de atención del adulto que nos veía en esas.

Luego del "almuerzo" generalmente se echaba a dormir y recuerdo que roncaba, pero una vez hecha la siesta era muy juguetón. Con mis primos lo molestábamos mucho, si estaba en el primer piso lo hacíamos subir al segundo diciéndole que había un gato, el perrito corría a buscar el dichoso gato y obviamente nunca había nada.

Así transcurrieron muchos momentos con Coqui, constantemente con la misma broma que nunca fallaba, pues siempre lo hacíamos subir corriendo y luego de que veía que no había gato se quedaba un rato por ahí y luego bajaba.

Uno de los recuerdos más angustiantes de mi niñez fue cuando Coqui casi muere ahogado en un río. Ese día estábamos de paseo con toda mi familia en algún balneario relativamente cercano al Socorro, unos de mis primos y yo estabamos en la piscina mientras mis tíos y nonos estaban en el río, cuando de repente llegaron otros primos completamente asustados, gritando:¡su papá ahogó a Coqui!.

Fue un momento de tensión y nerviosismo, inmediatamente todos salimos corriendo para saber qué estaba pasando, viene a mi memoria ver a mis tíos y a mi papá correr en el sentido de la corriente para rescatar a Coqui, además de las caras de aflicción de mis primos y sus comentarios lamentando el hecho y culpando sin duda alguna a mi papá.

Mis tios sacaron a Coqui del agua, todos corrimos a acariciarlo y a saber la razón de semejante susto: pues resulta que a mi papá se le ocurrió poner a nadar a Coqui, porque, según él, obviamente todos los perros nadan, con lo que él no contó fue con la ya mencionada ceguera del ojo izquierdo del perrito y la posible pérdida de visión del ojo derecho, lo que, seguramente le impidió nadar.

A medida que fuimos creciendo obviamente Coqui fue envejeciendo y ya no jugaba como antes con nosotros, era apenas natural, su vejez se hizo evidente cuando en unas vacaciones lo vimos con una patica rota que según nos dijeron llevaba así un tiempo sin sanarle.

Hasta que otras vacaciones llegamos como siempre al Socorro y Coqui no aparecía para saludarnos, le preguntamos a mi nono y nos dijo que seguramente lo había atropellado un camión hacía unas semanas, porque el perrito había salido de la casa, algo que hacía a menudo pero siempre regresaba, sin embargo, esta vez no había vuelto y a mi nono le habían dicho que vieron a Coqui muerto en una calle.

Un triste final para un perrito que nos hizo explorar el afecto sin importar las condiciones físicas o apariencia.

Coqui fue un integrante más de mi familia, que aún hoy, después de algunos años de su muerte, recuerdo con mucho aprecio y alegría, porque nos hizo divertir en todas esas vacaciones en el Socorro.

Esto fue lo que me hizo recordar aquel perrito café que caminaba con gracia y rapidez y que vi por la Avenida Jiménez entre séptima y octava un día cualquiera mientras iba en el bus en dirección a la estación de las Aguas en octubre de 2006.

jueves, 9 de agosto de 2012

Lo que escribía cuando tenía 16

Por alguna extraña razón siempre me ha gustado escribir, lo llevo dentro, antes lo hacía sólo para mí, como una forma de desahogo tal vez, ahora quisiera que mucha gente leyera lo que escribo.

Descubrí que no era tan mala en ésto cuando una profesora de Español, Ivette Valero, me daba buenas notas por lo que escribía, una vez hasta me llevó a un concurso de escritores o algo así en un colegio donde había otros muchachos como yo, queriendo plasmar las ideas en un papel, pero eso es tema de otra entrada.

Por ahora sólo quiero reproducir algo que encontré hace poco, lo escribí cuando tenía 16 años, estaba en décimo en el colegio, aunque no es muy bueno creo que tiene un lenguaje muy elaborado para esa edad:

HOMBRE O MUJER
¿QUIEN ES QUIEN?

Es conveniente precisar lo que cada género ha hecho por la historia del mundo, si bien es cierto que el hombre ha ocupado los roles más importantes de un país, también es preciso aclarar cómo la mujer dentro de su poco pero significativo espacio ha logrado forjar familias dignas de imitar en cuanto a su unión y perseverancia.

Porque antiguamente cuando la mujer era menospreciada, los hombres ejercían el poder de todas formas y ella, obligada por su único papel 8de madre y esposa) se esforzaba por no quedarse allí y tratar de romper los esquemas ya propuestos.

Fue entonces cuando comenzó a imitar al hombre en las funciones que éste ejercía, y de no haber sido así ella se hubiera quedado relegada a un único papel que quizás no satisfacía su ser.

Pero ahora es común ver cómo las mujeres han llegado a sobre pasar a los hombres en muchos campos, ya se ven mujeres presidente, ideólogas, cabezas de familia, en fin, ya ella se ha podido desenvolver en una sociedad escéptica a su tenacidad, al igual que se ha demostrado lo que es capaz de hacer sin la necesidad de un hombre que la desplace como hace tanto tiempo.

Sin embargo, no se puede dejar de lado lo que el hombre ha hecho por superarse y por recuperar de manera discreta el lugar que antes ´le pertenecía´. Ahora es posible ver que mientras la mujer trabaja el hombre cuida de los hijos, también se puede ver el hogar en el que el padre gana un sueldo miserable por así llamarlo y por el contrario la madre gana cinco veces más lo que su cónyuge.

Entonces se puede llegar a una fácil conclusión: la mujer de tiempos antiguos no contenta con su papel en la sociedad, trató de imitar al hombre y al conseguirlo vio que era capaz de hacer mucho más que él; y el hombre moderno al verse desplazado comenzó a imitar a la mujer de hace muchos años atrás, es decir, ninguno de los dos está contento con el papel que en determinado momento llega a ocupar en la sociedad, y es por este descontento que se ha legado a dar tanto espacio a las minorías de homosexuales que también sufrieron el rechazo de una sociedad estigmatizada por los preceptos absurdos de un alguien que se llevó por delante no sólo los sentimientos de este grupo sino también los de las mujeres.

miércoles, 25 de julio de 2012

NO a las Drogas, NO al Amor

El amor es una droga muy adictiva, todos nos volvemos idiotas cuando estamos enamorados o creemos estarlo, los efectos de una frase o un mensaje del sujeto del que uno está enamorado son similares a los de las sustancias psicoactivas,  estimulan el cerebro al punto de sonreír frente a un aparato electrónico, sea computador o celular.

A veces el amor llega al extremo de no querer vivir sin el dichoso personaje, tal como una adicción, es casi imposible imaginar la existencia sin esa compañía, idéntico a lo que sucede con el adicto a la heroína que necesita su dosis diaria.

Y si alguien dice que uno está perdiendo la cabeza y hasta la vida por ese amor la negación es rotunda, igual que con las drogas, el primer paso para dejarlas es el más difícil porque implica aceptarlo y no ¡jamás! uno siempre será el que tiene el control de la situación así esté muriendo de amor o con necesidad de tomarse, inyectarse o fumarse la droga favorita.

Cuando llega el final de la relación amorosa hay tanta necesidad de sentirse amado que muchos resultan mendigando amor, lo mismo que el que pide monedas para bazuco, el cerebro y el cuerpo sienten el vacío de aquello que ya no se le proporciona, llámese amor o alucinógenos, que algunos quieren morirse literalmente de amor o robar para drogarse.

Dicen que las drogas matan las neuronas y por eso muchas personas hacen estupideces cuando se drogan pero qué enamorado no se ha dispuesto a dar serenata a capela sabiendo que no tiene buena voz, es lo mismo, el cerebro queda tan afectado que luego de una ruptura sólo se activa la parte que permite recordar y esos recuerdos también matan.

Por eso es mejor decirle NO a las Drogas, NO al Amor y así vivir plácidamente con la certeza de que nada le hará a uno daño.

jueves, 5 de julio de 2012

¡Lo que nos falta es calle!

Pues a mi lo que me indigna es que haya personas que creen tener la verdad absoluta de la vida, personas que se consideren superiores por tener "más valor" para decir lo que piensan, y escribo más valor entre comillas porque a veces esa valentía alevosa no es más que un insulto disfrazado de honestidad, una forma simple de amedrentar el pensamiento de los tímidos.

Hoy que hubo tanto revuelo por unos párrafos llenos de estereotipos es evidente que la discriminación sigue en la sociedad y está muy lejos de desaparecer, claro, muchos hacemos juicios y prejuicios y rechazamos lo que es diferente a lo que pensamos pero ¿es tan difícil dejar que el mundo sea libre? no lo sé.

Sólo creo que tantos lugares comunes demuestran la falta no de mundo, DE CALLE, porque el mundo está a sólo un clic de distancia, pero LA CALLE sólo se puede conocer viviéndola, experimentándola y con eso no quiero decir que hay que probarlo todo, simplemente creo que hay que estar dispuesto a, por lo menos, mirar todas las formas de vivir la vida.

Lo digo yo que hasta hace un tiempo era de aquellos cerrados que se conforman con el mundo conocido, una posición respetable por la seguridad que ofrece pero que se desbarata como un castillo de naipes cuando alguien cuenta maravillado anécdotas que parecen reprochables.

Claro, cada quien creerá lo que quiera, ese es mi lema de vida, con algunos estoy de acuerdo con muchos otros no, pero de lo que estoy segura es que no quisiera ir por la vida tachando de bueno o malo algo que ni conozco, acaso ¿quién soy yo para hacerlo? sólo el que ha pasado por una situación x o y tiene la autoridad para decirlo, el resto son sólo especulan.

Lo que sí sé es que hablar de gordos o flacos, bonitos o feos con la prepotencia que muestra la columna aquella es grosero y grotesco porque muchas personas hemos sufrido por los estándares de una sociedad que se cree superior sólo porque le hemos dado el poder para manipularnos y que nos hace creer que su verdad es la única verdad y pues no, no me gustan los kilos de más pero tampoco envidio los huesos.

Sé cuánto se sufre por querer hacer parte del sistema que llena de complejos y que empieza por la institución más básica, la familia, pero aún así le he logrado hacer frente de alguna manera, lo que preocupa es que haya gente que valide esos conceptos de belleza sin siquiera preguntarse si con una opinión se hieren los sentimientos de los demás, más que tolerancia aquí lo que falta es respeto y mucha consideración.

¡Si tan sólo fuera igual de público que la delgadez que muchos alaban otros tantos la rechazan! un clásico ejemplo de eso es que para las comunidades del Pacífico entre más caderonas más lindas las mujeres, pero en fin, eso es caer en el juego de lo bueno y lo malo y no, qué pereza, lo mejor es ir por las calles dándose cuenta que tan sólo somos energía.

jueves, 31 de mayo de 2012

Profunda Tristeza

Luego de conocer la manera atroz como fue agredida una mujer en Bogotá es imposible no sentir desconcierto y absoluto repudio por una sociedad enferma como en la que vivimos los colombianos, hoy es la noticia de Rosa Elvira Cely, hace unos días ataques con ácido, antes una bomba dirigida a acabar con la vida de alguien, cómo no preguntarse ¿qué pasa? ¿de dónde tanta maldad? ¿por qué tanta sevicia?

No creo que se trate sólo del posible mal ejemplo de la televisión como dicen algunos, de falta de valores o de acceso irrestricto a la información, considero que es falta de sentido común y de amor por el otro, hay tantos vacíos afectivos y tantas ganas de imponerse sobre el otro que no importa llevárselo por delante.

Mi intención aquí no es quejarme por lo que ocurre en el mundo o mostrar indignación, es sólo una forma de expresar la profunda tristeza que me produce la degeneración del ser humano, más allá de creencias o religiones, parece que falta consideración y respeto por la especie, somos muchos y no podemos estar de acuerdo en todo pero no es concebible que el odio sea el que determine la actuación de las personas.

Cualquier agresión es condenable, no importa la procedencia de la víctima. Hoy fue una desconocida, ayer alguien cercano, mañana podría ser uno mismo, es por ello que no puede haber tolerancia con los crímenes donde se afecta la integridad y la vida de las personas. 

Que nadie diga que "la gente se busca sus propios males" porque el que está en el error es el agresor y nunca, nunca la víctima, lo peor es que ese que ataca en muchas ocasiones resulta ser conocido, ¿cómo es posible que alguien cercano se atreva a eso?

http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-349915-familia-de-mujer-asesinada-centro-comercial-rechaza-preacuerdo-d

http://www.elespectador.com/impreso/judicial/articulo-350008-rosa-elvira-ataco-un-conocido

http://www.facebook.com/groups/JusticiaParaRosaElviraCely

viernes, 20 de abril de 2012

Días de lluvia

En estos lluviosos días de abril muchos añoran pasar en compañía las tardes, las mañanas, los días, sin embargo, cuando esto no es posible porque hay una pena de amor, las horas se vuelven eternas, los lamentos son insoportables, la nostalgia es una tortura.

Por fortuna, esos incómodos momentos no hacen parte de mis rutinas invernales de esta época, de hecho, he logrado ver lo hermosos que son los días de neblina, lluvia y frío, son tan diferentes, mágicos, o mejor, místicos, algo tienen que me han llevado a apreciar otras facetas de la ciudad.

Ver los cerros orientales de Bogotá cubiertos de nubes a punto de estallar en lluvia me ha hecho querer estar bajo las gotas inclementes, como en la niñez, pero no me ha producido el efecto de extrañar a aquel que ya no está.

 Eso es lo bueno de no estar entusado, que se puede disfrutar de la soledad y no sufrir por ella, es casi como estar acompañado de uno mismo sin la tristeza que pueden ocasionar el clima, las canciones, las parejas y que todos los amigos o conocidos anden en sus cuentos.

Placeres sencillos como caminar o ir de compras se constituyen en una forma de abrirse al mundo y dejarse llevar por los rumbos no trazados hasta llegar a destinos insospechados pues el único límite es uno mismo, no  se necesita llegar a acuerdos, ceder y en algunos casos imponer, sólo se depende de la voluntad.

Y es que para muchos la soledad es su gran temor, hay personas que odian comer solos por ejemplo, tal vez eso sea una muestra del horror que les produce estar con ellos, oír los pensamientos propios no es fácil, a mi me llevo tiempo verle la diversión, pero una vez hallada la sensación de libertad es indescriptible, es un alivio para el alma a la que tanto le afecta la convivencia con cualquier otro ser humano.

Por supuesto, el bienestar de no ser damnificado por el desamor no es consecuencia del clima sino de la paz interior de cada uno, pero se pone a prueba con el transcurrir de las horas entre truenos y aguaceros.








domingo, 25 de marzo de 2012

Desde el Lucero Bajo

Viernes 23 de marzo de 2012, día frío en Bogotá, junto con dos compañeros de trabajo nos disponíamos a visitar un nuevo centro de atención a las víctimas de la violencia en el Barrio Lucero Bajo en la Localidad de Ciudad Bolívar, un lugar que se considera “zona roja” por la inseguridad que reina en él.

El día anterior había indagado sobre cómo llegar, pues en una ciudad de más de 8 millones de habitantes hay lugares por los que no se transita, sabíamos que el punto de referencia era la Plaza de Mercado Los Luceros y luego de preguntarles a otros compañeros nos aconsejaron que debíamos llegar al Portal Tunal y de ahí tomar un bus alimentador.

Sin mayores indicaciones sobre cómo llegar emprendimos el recorrido partiendo desde la calle 19 con Avenida Caracas, tomamos un bus de Transmilenio en la estación que lleva el mismo nombre de la calle y sobre las 11:15 de la mañana nos dirigimos hacia el Barrio El Lucero.

Luego de 30 minutos en el bus llegamos al Portal Tunal, un lugar cubierto por una leve neblina propia del frío del día y consecuencia de las lluvias del día anterior, se percibía un olor fétido y con caras de extraños preguntamos en el punto de información turística cómo llegar a la Plaza de Mercado Los Luceros.

Nos informaron que debíamos salir a la Zona de Alimentación, que contrastando con la pobreza visible no se refiere al apoyo para cumplir con la nutrición de los habitantes sino que se debe entender como un lugar de donde salen rutas de buses para los barrios a los cuales no llegan los articulados de Transmilenio, luego debíamos tomar el bus con destino a San Joaquín y bajarnos en la cuarta parada.

Así lo hicimos, minutos después de nuestra consulta, a las 11:48 de la mañana, estábamos subiéndonos al bus verde con destino a la Plaza de Mercado que sólo había visto en una foto por Internet. El bus comenzó su recorrido hacia lo que en esa ubicación se puede considerar el Occidente, se abría paso sobre las calles angostas, luego de 15 minutos no había hecho la primera parada, con mis compañeros de trabajo afirmamos que para donde íbamos era bastante lejos.

El tráfico de la zona hacía más lento el recorrido, la Avenida por la que tenía que pasar el bus parecía ser una vía principal pero no logramos identificar si era la Avenida Boyacá o la Avenida Villavicencio, el hecho era que de 3 carriles que tenía había una parte donde se reducía a uno por obras que se estaban realizando, eso sumado a una gran cantidad de tracto mulas y camiones, dificultaba la movilidad en la zona.

La Avenida, construida sobre una montaña, permitía divisar la zona, una planicie cubierta de casas de no más de 3 pisos, al lado derecho se veían más cerros la mayoría cubiertos de casas con la estética propia de las zonas vulnerables o marginales, tal como pudieran ser las favelas en Sao Pablo o las comunas en Medellín que se ven en televisión.

Algo impactante de ese panorama fue observar una delgada línea entre lo rural y lo urbano pues cerca a un punto que sirve como botadero de basura había un potrillo junto a la yegua que lo había parido no hace muchos días y en seguida, unas escaleras en zigzag que permiten llegar hasta lo más alto del cerro donde también hay casas, así se convive en la selva de cemento.

A escasos metros el bus hizo la tercera parada, se abrieron las puertas y varias personas subieron y se bajaron, la pregunta de una compañera que nunca había utilizado el servicio del alimentador fue “¿uno se puede subir y bajar y no paga?”, más allá de la respuesta, el hombre que estaba sentado a su izquierda la miró como reconociendo que ella no era de esa zona y trató de seguir conciliando el sueño que era evidente en su rostro.

El recorrido continuó, todos estábamos pendientes de la siguiente parada para llegar a nuestro destino, el hombre que iba sentado de un momento a otro abrió los ojos y mi compañera le preguntó si estábamos cerca de la Plaza de Mercado de Los Luceros, él afirmó que sí, que debíamos bajarnos y caminar 2 cuadras, que era cerca y que se veía desde lejos, claro, una estructura de 11 mil millones de pesos era de notarse entre casas cuyo precio no llega al 1% de ésta. Aquí una foto de cómo se ve por fuera la Plaza (*)


Plaza de Mercado Los Luceros. Foto: Portal de Bogotá. Mapa Callejero.

Una vez llegamos a algo similar a un parque, una cancha para ser más precisa, nos bajamos del bus tratando de evitar los empujones de quienes quería subir, para ese momento eran las 12:17 de la tarde, duramos 30 minutos entre el Portal y la Plaza de Mercado.

Estábamos allí, en el lugar al cual no sabíamos llegar, caminamos 2 cuadras haciendo cara de conocer el sitio, procurando no mostrar el desconocimiento del terreno, esquivando los pensamientos sobre la inseguridad de la que nos advirtieron, tratando de pasar inadvertidos pese a que la pregunta sobre cómo llegar a la Plaza en el bus ya nos había hecho acreedores de miradas inquietas que nos veían como forasteros en nuestra propia ciudad.

Sinceramente había pensado que era peor, que íbamos a encontrarnos con personas que nos harían cambiar de acera por miedo a que se acercaran a nosotros, pero resultó ser un lugar residencial, había muchas casas, niños con uniforme, lo que sugería que salían o llegaban del colegio, en algunas de estas casas el primer piso se adaptaba como local comercial, había papelerías, tiendas, misceláneas, restaurantes.

El clima ya era menos frío, las calles estaban pavimentadas, lo que daba cuenta de no ser un lugar tan vulnerable. Llegamos a la Plaza de Mercado y allí hicimos el reconocimiento del lugar, que era nuestra actividad en dicha zona, para mí era más que eso, era una nueva experiencia, una forma de reconocer esos lugares que esconde Bogotá y de eliminar los preconceptos que llevan a la discriminación.

Si bien no es un lugar donde quisiera vivir, es evidente que muchas personas sí lo hacen y en esa zona específica parecía ser un buen lugar comparado con lo que se veía a lo lejos, y bueno, habría querido tomar muchas fotos, mostrar a través de la cámara los alrededores de este barrio, sin embargo, por seguridad y por tratar de cumplir ese mal llamado mandamiento colombiano de “no dar papaya” fue necesario protegerme en esa mega construcción y sólo fue posible conseguir algunas fotografías a través de las ventanas de la Plaza de Mercado.






(*) Datos extraídos del Periódico El Tiempo. Artículo Web. Salamanca Lizeth. Ventas ambulantes amenazan moderna plaza de mercado.  03 de Junio del 2011.

sábado, 17 de marzo de 2012

Atardecer

Siempre me gustó el momento en que la luz se vuelve oscuridad y desde hace algún tiempo aprendí que es bonito capturarlo.

Aquí algunas fotografías de esos instantes mágicos.

























domingo, 11 de marzo de 2012

Mujer ¿qué es lo que celebras?

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer como un reconocimiento a las luchas de un género que ha sufrido la discriminación de sus derechos durante décadas, sin embargo, para comerciantes y personas del común se ha convertido, desde hace un buen tiempo, en una celebración donde además de regalos se hacen manifestaciones de afecto que poco tienen que ver con el sentido político e histórico de este día.

A tal punto ha llegado el desconocimiento de la trascendencia de la celebración que hombres y mujeres lanzan frases de felicitación en poemas y tarjetas que rayan en la cursilería y que resaltan las cualidades que caracterizan a la mujer sin tener en cuenta que más que flores y serenatas lo que se busca con la declaración de un día especial es resaltar la búsqueda de la equidad de género.

Si bien no me considero feminista, debo confesar mi profunda molestia con el sentido trivial que se le ha dado a la celebración del Día Internacional de la Mujer, al cual le encontré sentido gracias a la descripción de un locutor de emisora cuando estaba en el colegio que no sólo relató la historia de las mujeres que murieron quemadas en una fábrica en Estados Unidos sino que puso al aire la canción El Día Mundial de la Mujer de Andrés Calamaro.

Y es que este último Día de la Mujer hubo tantas demostraciones de romanticismo por “lo especial que puede ser la mujer en la vida de un hombre” que en momentos no fue posible evitar el descontento, porque este día no es para hacer declaraciones de amor, regalar rosas o serenatas, es un día que debe ser aprovechado para la reflexión sobre el rol de la mujer en el mundo, para evaluar si los gobiernos brindan garantías para la inclusión laboral y social de la mujer, para que las empresas procuren la igualdad salarial, es el momento para que las sociedades y comunidades se cuestionen sobre el acceso a los espacios dominados por los hombres y que las mujeres entiendan que no pueden verse a sí mismas sólo como objetos sexuales o uno más de los adornos de sus casas.

Lo que más indignación ha logrado causarme es que algunas de mis congéneres creen que es el día para celebrar lo que el azar de la vida les dejó parir a sus madres, se conmueven con chocolates y canciones dedicadas durante años, exigen una flor o una invitación a almorzar, como si se tratara de un festejo por el cual se deben recibir regalos y felicitaciones, poco piensan que son logros salir a trabajar por decisión, hablarles a los hombres sin temor, usar faldas y zapatos de tacón, tener hijos por voluntad propia y, en últimas, haberse ganado un espacio que aún sigue siendo precario comparado con los que tienen los del sexo opuesto.

Tan débil es la recordación del significado de este día que uno de los Concejales de Bogotá les regaló a las mujeres que trabajan en el Concejo secadores de pelo, como si el único objetivo de la vida de una mujer fuera tener que verse bien peinada en lugar de despeinarse por los atropellos de los que es víctima y aunque este regalo hubiese tenido la mejor intención y ser un gesto de cortesía, es una muestra más de los estereotipos en los que está encasillada la mujer (*).

Desde mi cuenta en Twitter hice algunos comentarios que muestro aquí para que los que lean este blog reflexionen sobre su comportamiento cotidiano en relación con las mujeres.

Hoy no gaste su plata en rosas de la calle o chocolatinas jet, con que evite la mirada morbosa es suficiente. Gracias!

Amigo! Como homenaje a la mujer evite gritarle "vieja bruta" a todo aquel que conduzca mal.

Amigo! Como homenaje a la mujer evite en sus procesos de selección las categorías gorda, flaca, fea, bonita, bruta, inteligente.

Amigo! Como homenaje a la mujer no regales chocolates hoy, así mañana evitarás criticar cualquier parte del cuerpo femenino.

Amigo! Como homenaje a la mujer #Procura no creerla un instrumento reproductivo.

Amigo! Como homenaje a la mujer evita regalar flores maltratadas de la calle, invierte eso que ganas de más en algo que reivindique derechos.

(*) “La celebración del Día de la Mujer en el Concejo”. La Silla Vacía. 07 de marzo de 2012.

domingo, 26 de febrero de 2012

Recuerdo de las víctimas


Es francamente  vergonzosa la violencia que ha ocurrido en Colombia, cada vez que se muestran las historias o testimonios de las víctimas hay un sentimiento de frustración por todos los hechos degradantes de un conflicto que con el paso del tiempo afecta más vidas y deja a este país manchado por la marca indeleble de la sangre.

Cuando se subestima un crimen por justificaciones en contra de las víctimas indiscutiblemente se hace apología a la guerra, pues se siembran en los corazones de los familiares de éstas semillas de odio y venganza que son el alimento de un conflicto de varias décadas que lo único que ha dejado es una estela de impotencia en la población civil.

En esta semana, que se conmemoraron 7 años de la masacre de San José de Apartadó, es imposible evitar las lágrimas por aquellas personas que murieron de manera despiadada a manos de criminales que consideraron tener en sus manos el poder de decidir sobre la vida de los demás ¿a quien se le puede ocurrir que un niño o niña menor de 6 años pueda ser ayudante de alguno de los actores armados? Hay que tener mucho odio en el corazón para creer eso, la masacre fue una barbarie, un acto deplorable y denigrante ante la vida y por ello debe quedar en nuestras mentes para que en el recuerdo, las víctimas encuentren el descanso eterno.