domingo, 25 de marzo de 2012

Desde el Lucero Bajo

Viernes 23 de marzo de 2012, día frío en Bogotá, junto con dos compañeros de trabajo nos disponíamos a visitar un nuevo centro de atención a las víctimas de la violencia en el Barrio Lucero Bajo en la Localidad de Ciudad Bolívar, un lugar que se considera “zona roja” por la inseguridad que reina en él.

El día anterior había indagado sobre cómo llegar, pues en una ciudad de más de 8 millones de habitantes hay lugares por los que no se transita, sabíamos que el punto de referencia era la Plaza de Mercado Los Luceros y luego de preguntarles a otros compañeros nos aconsejaron que debíamos llegar al Portal Tunal y de ahí tomar un bus alimentador.

Sin mayores indicaciones sobre cómo llegar emprendimos el recorrido partiendo desde la calle 19 con Avenida Caracas, tomamos un bus de Transmilenio en la estación que lleva el mismo nombre de la calle y sobre las 11:15 de la mañana nos dirigimos hacia el Barrio El Lucero.

Luego de 30 minutos en el bus llegamos al Portal Tunal, un lugar cubierto por una leve neblina propia del frío del día y consecuencia de las lluvias del día anterior, se percibía un olor fétido y con caras de extraños preguntamos en el punto de información turística cómo llegar a la Plaza de Mercado Los Luceros.

Nos informaron que debíamos salir a la Zona de Alimentación, que contrastando con la pobreza visible no se refiere al apoyo para cumplir con la nutrición de los habitantes sino que se debe entender como un lugar de donde salen rutas de buses para los barrios a los cuales no llegan los articulados de Transmilenio, luego debíamos tomar el bus con destino a San Joaquín y bajarnos en la cuarta parada.

Así lo hicimos, minutos después de nuestra consulta, a las 11:48 de la mañana, estábamos subiéndonos al bus verde con destino a la Plaza de Mercado que sólo había visto en una foto por Internet. El bus comenzó su recorrido hacia lo que en esa ubicación se puede considerar el Occidente, se abría paso sobre las calles angostas, luego de 15 minutos no había hecho la primera parada, con mis compañeros de trabajo afirmamos que para donde íbamos era bastante lejos.

El tráfico de la zona hacía más lento el recorrido, la Avenida por la que tenía que pasar el bus parecía ser una vía principal pero no logramos identificar si era la Avenida Boyacá o la Avenida Villavicencio, el hecho era que de 3 carriles que tenía había una parte donde se reducía a uno por obras que se estaban realizando, eso sumado a una gran cantidad de tracto mulas y camiones, dificultaba la movilidad en la zona.

La Avenida, construida sobre una montaña, permitía divisar la zona, una planicie cubierta de casas de no más de 3 pisos, al lado derecho se veían más cerros la mayoría cubiertos de casas con la estética propia de las zonas vulnerables o marginales, tal como pudieran ser las favelas en Sao Pablo o las comunas en Medellín que se ven en televisión.

Algo impactante de ese panorama fue observar una delgada línea entre lo rural y lo urbano pues cerca a un punto que sirve como botadero de basura había un potrillo junto a la yegua que lo había parido no hace muchos días y en seguida, unas escaleras en zigzag que permiten llegar hasta lo más alto del cerro donde también hay casas, así se convive en la selva de cemento.

A escasos metros el bus hizo la tercera parada, se abrieron las puertas y varias personas subieron y se bajaron, la pregunta de una compañera que nunca había utilizado el servicio del alimentador fue “¿uno se puede subir y bajar y no paga?”, más allá de la respuesta, el hombre que estaba sentado a su izquierda la miró como reconociendo que ella no era de esa zona y trató de seguir conciliando el sueño que era evidente en su rostro.

El recorrido continuó, todos estábamos pendientes de la siguiente parada para llegar a nuestro destino, el hombre que iba sentado de un momento a otro abrió los ojos y mi compañera le preguntó si estábamos cerca de la Plaza de Mercado de Los Luceros, él afirmó que sí, que debíamos bajarnos y caminar 2 cuadras, que era cerca y que se veía desde lejos, claro, una estructura de 11 mil millones de pesos era de notarse entre casas cuyo precio no llega al 1% de ésta. Aquí una foto de cómo se ve por fuera la Plaza (*)


Plaza de Mercado Los Luceros. Foto: Portal de Bogotá. Mapa Callejero.

Una vez llegamos a algo similar a un parque, una cancha para ser más precisa, nos bajamos del bus tratando de evitar los empujones de quienes quería subir, para ese momento eran las 12:17 de la tarde, duramos 30 minutos entre el Portal y la Plaza de Mercado.

Estábamos allí, en el lugar al cual no sabíamos llegar, caminamos 2 cuadras haciendo cara de conocer el sitio, procurando no mostrar el desconocimiento del terreno, esquivando los pensamientos sobre la inseguridad de la que nos advirtieron, tratando de pasar inadvertidos pese a que la pregunta sobre cómo llegar a la Plaza en el bus ya nos había hecho acreedores de miradas inquietas que nos veían como forasteros en nuestra propia ciudad.

Sinceramente había pensado que era peor, que íbamos a encontrarnos con personas que nos harían cambiar de acera por miedo a que se acercaran a nosotros, pero resultó ser un lugar residencial, había muchas casas, niños con uniforme, lo que sugería que salían o llegaban del colegio, en algunas de estas casas el primer piso se adaptaba como local comercial, había papelerías, tiendas, misceláneas, restaurantes.

El clima ya era menos frío, las calles estaban pavimentadas, lo que daba cuenta de no ser un lugar tan vulnerable. Llegamos a la Plaza de Mercado y allí hicimos el reconocimiento del lugar, que era nuestra actividad en dicha zona, para mí era más que eso, era una nueva experiencia, una forma de reconocer esos lugares que esconde Bogotá y de eliminar los preconceptos que llevan a la discriminación.

Si bien no es un lugar donde quisiera vivir, es evidente que muchas personas sí lo hacen y en esa zona específica parecía ser un buen lugar comparado con lo que se veía a lo lejos, y bueno, habría querido tomar muchas fotos, mostrar a través de la cámara los alrededores de este barrio, sin embargo, por seguridad y por tratar de cumplir ese mal llamado mandamiento colombiano de “no dar papaya” fue necesario protegerme en esa mega construcción y sólo fue posible conseguir algunas fotografías a través de las ventanas de la Plaza de Mercado.






(*) Datos extraídos del Periódico El Tiempo. Artículo Web. Salamanca Lizeth. Ventas ambulantes amenazan moderna plaza de mercado.  03 de Junio del 2011.

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