sábado, 29 de junio de 2013

¿Qué se sentirá?

El próximo miércoles viajaré a Argentina, será un viaje de vacaciones en el que me dedicaré a ´turistiar´*, sí, así como suena, porque ese en realidad mi objetivo, por supuesto trataré de conocer la cotidianidad tanto como me sea posible, pero teniendo en cuenta que vivimos de estereotipos puede ocurrir que tan pronto los lugareños oigan mi acento corran despavoridos o me pidan coca por lo cual no será fácil evitar ser una turista más.

Me voy por 2 semanas, un tiempo corto pero provechoso para apartarme de la agobiante realidad colombiana y no lo digo porque crea que Argentina es el mejor País del mundo sino por el simple hecho de saber que allá no pasan las horribles situaciones que vivimos acá, pasaron alguna vez, pero ya no más.

Por eso es que desde hace unos años me ha inquietado saber qué se sentirá vivir en un País seguro, tal vez no haya uno sólo que lo sea del todo, pero lugares mejores a Colombia en ese aspecto creo que hay muchos, creo, insisto.

Hace un tiempo cuando mi prima Laura se iba a estudiar a Argentina dentro de la conversación con mis otras primas me surgió esa pregunta, tiempo después cuando vino de vacaciones no me quedé con la duda y ella respondió diciendo que era muy diferente, que no se vivía con paranoia y que ella era más relajada con su bolso (cartera que llaman), que no había que estar desconfiando de todo el mundo aunque eso era una costumbre que poco se quitaba.

Imagino que eso es lo que uno de colombiano puede experimentar estando en otro País, bueno, en algunos otros Países, porque es obvio que hay zonas y lugares igual o más jodidos que éste, pero tengo la ingenua esperanza de tener siquiera 15 días de tranquilidad, aunque me dicen que por culpa de algunos compatriotas ya Buenos Aires no es igual y que hay que estar pendiente porque se está volviendo peligroso como acá, ¡Ay Dios, Alá, Buda o cualquier Deidad! ¿qué hemos hecho para que nos deshonren de esa manera? ¿será nuestra condena ser algo así como una plaga?

Bueno, pues sólo me queda esperar a sentir el cambio y darme cuenta por mis propios medios de la diferencia de estar en otra latitud con menos inseguridad que en Colombia y la reserva de que para un turista siempre todo es lindo, sino que lo confirmen los que hablan de la hermosura de Cartagena, los que la conocen saben que me refiero a que sólo ven unos kilómetros encantadores y evitan hablar de la pobreza y contaminación que se notan cuando se entra a la parte continental de la Ciudad, pero ese no es el punto, yo siempre desviándome a criticarlo todo... lo importante de esta entrada es que creo que para nosotros los colombianos es toda una experiencia la vida apacible y es lo que tendré la fortuna de experimentar.

Tal vez en unos días pueda responderme esa pregunta, ya veremos.

* Pido perdón a los radicales del idioma por usar una palabra no registrada en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, lo siento, pero me gustó como sonaba.

martes, 11 de junio de 2013

Contrariedad

Estaba dudando sobre hacer esta entrada pero al confrontarme reaccioné y recordé que abrí este blog no sólo para que me lean sino para decir lo que se me antoja, por eso quiero dejar aquí consignado que me siento contrariada... es una mezcla entre tristeza y enojo, es rabia con melancolía.

Siempre he dicho que hay pocas cosas que me hagan sensible y los que me conocen saben que no lloro por cualquier bobada pero hoy quisiera llorar aunque estoy demasiado racional para hacerlo, no vale la pena, mañana debo trabajar y no quisiera que me vieran con los ojos hinchados y la mirada perdida.

Desde hace un tiempo sé que hay caminos que ya finalizaron pero por terquedad de la vida no he dejado de transitarlos porque aunque quiera cuando hay una puerta que medio se abre aparece una brisa que aunque leve la cierra y no me deja otra opción que seguir en ese camino ya recorrido.

Por cosas de la vida hoy recordé lo mucho que me molestan muchas decisiones corporativas pero sobre todo la actitud de consuelo tonto que dan algunos como si con eso aliviaran los atropellos que otros han generado... y para exacerbar mi temperamento me di cuenta que me dejé llevar por una situación a la que debí ponerle freno desde que comenzó lo cual me demuestra que a veces de los errores no se aprende.

Me molesta el grado de ingenuidad que puedo tener ¡como si las cosas o las personas fueran a cambiar!

Sé que nada es azar pero no entiendo qué más lecciones tengo que aprender, qué más tiene que pasar para lograr una vida medianamente estable y feliz, yo que creía que todo iba bien, pues ya veo que la vida se encarga frecuentemente de recordarme que no hay tal cosa como la felicidad sino momentos felices que hay que atesorarlos para los largos ratos de insatisfacción.

Termino aquí porque como la asalariada que soy mañana debo madrugar y no me puedo dar el lujo de llegar tarde o exponerme a que me saquen... a falta de licor mejor me duermo para no pensar.

domingo, 2 de junio de 2013

Oír el Silencio

Llevo casi dos horas sin hablar, estoy en mi casa y no hay nadie alrededor, es un tanto extraño pero también liberador, tener la posibilidad de escuchar el silencio ha resultado de las cosas más bonitas que he experimentado en los últimos años.

Luego de haber trabajado en un lugar al que asisten un promedio de 400 personas diarias, donde los niños pequeños se desesperan de esperar y sólo tienen el llanto para expresar su molestia, donde la entretención de las personas es escuchar la televisión tal vez con la única esperanza de olvidar que están allí horas y horas, donde la algarabía era tanta que en ocasiones había que gritar para poder comunicarme con los demás, aprendí apreciar el silencio.

En este mundo congestionado es casi un placer invaluable abstraerse del contexto y dejarse llevar por los sonidos sin tener que intercambiar argumentos con otro ser humano, sólo con el ánimo de observar con los oídos y sentir con la mirada.

Es un estado que me produce no sé, felicidad, si quisiera ponerle una etiqueta así lo llamaría: felicidad, son momentos escasos donde no hay otra voz que mis propios pensamientos en un acto casi egoísta de introspección en el cual no existe algo más que el mundo en su mínima expresión: un perro que ladra, los carros que pasan, el viento que rechina contra las ventanas, un pájaro que canta y el tic tac de un lejano reloj… ah y clic cada vez que tecleo en este computador.

Para algunos será raro pero me gusta oír el silencio, casi siempre ocurre en soledad pero es algo lindo en compañía, cuando no hay presión por hablar o utilizar la música para evitar la incomodidad que a algunos les genera dejarse llevar por sus demás sentidos, es posible que para algunos sea aburrido pero luego de pasar más de 40 horas semanales oyendo ruido no hay nada mejor que callar.