El 8 de marzo se conmemora
el Día Internacional de la Mujer como un reconocimiento a las luchas de un
género que ha sufrido la discriminación de sus derechos durante décadas, sin
embargo, para comerciantes y personas del común se ha convertido, desde hace un
buen tiempo, en una celebración donde además de regalos se hacen
manifestaciones de afecto que poco tienen que ver con el sentido político e
histórico de este día.
A
tal punto ha llegado el desconocimiento de la trascendencia de la celebración
que hombres y mujeres lanzan frases de felicitación en poemas y tarjetas que
rayan en la cursilería y que resaltan las cualidades que caracterizan a la
mujer sin tener en cuenta que más que flores y serenatas lo que se busca con la
declaración de un día especial es resaltar la búsqueda de la equidad de género.
Si
bien no me considero feminista, debo confesar mi profunda molestia con el
sentido trivial que se le ha dado a la celebración del Día Internacional de la
Mujer, al cual le encontré sentido gracias a la descripción de un locutor de
emisora cuando estaba en el colegio que no sólo relató la historia de las
mujeres que murieron quemadas en una fábrica en Estados Unidos sino que puso al
aire la canción El Día Mundial de la Mujer de Andrés Calamaro.
Y
es que este último Día de la Mujer hubo tantas demostraciones de romanticismo
por “lo especial que puede ser la mujer en la vida de un hombre” que en
momentos no fue posible evitar el descontento, porque este día no es para hacer
declaraciones de amor, regalar rosas o serenatas, es un día que debe ser
aprovechado para la reflexión sobre el rol de la mujer en el mundo, para
evaluar si los gobiernos brindan garantías para la inclusión laboral y social
de la mujer, para que las empresas procuren la igualdad salarial, es el momento
para que las sociedades y comunidades se cuestionen sobre el acceso a los
espacios dominados por los hombres y que las mujeres entiendan que no pueden
verse a sí mismas sólo como objetos sexuales o uno más de los adornos de sus
casas.
Lo
que más indignación ha logrado causarme es que algunas de mis congéneres creen
que es el día para celebrar lo que el azar de la vida les dejó parir a sus
madres, se conmueven con chocolates y canciones dedicadas durante años, exigen
una flor o una invitación a almorzar, como si se tratara de un festejo por el
cual se deben recibir regalos y felicitaciones, poco piensan que son logros
salir a trabajar por decisión, hablarles a los hombres sin temor, usar faldas y
zapatos de tacón, tener hijos por voluntad propia y, en últimas, haberse ganado
un espacio que aún sigue siendo precario comparado con los que tienen los del
sexo opuesto.
Tan
débil es la recordación del significado de este día que uno de los Concejales
de Bogotá les regaló a las mujeres que trabajan en el Concejo secadores de pelo, como si
el único objetivo de la vida de una mujer fuera tener que verse bien peinada en
lugar de despeinarse por los atropellos de los que es víctima y aunque este regalo hubiese tenido la mejor intención y ser un gesto de
cortesía, es una muestra más de los estereotipos en los que está encasillada la
mujer (*).
Desde
mi cuenta en Twitter hice algunos comentarios que muestro aquí para que los que
lean este blog reflexionen sobre su comportamiento cotidiano en relación con
las mujeres.
Hoy
no gaste su plata en rosas de la calle o chocolatinas jet, con que evite la
mirada morbosa es suficiente. Gracias!
Amigo!
Como homenaje a la mujer evite gritarle "vieja bruta" a todo aquel
que conduzca mal.
Amigo!
Como homenaje a la mujer evite en sus procesos de selección las categorías
gorda, flaca, fea, bonita, bruta, inteligente.
Amigo!
Como homenaje a la mujer no regales chocolates hoy, así mañana evitarás criticar
cualquier parte del cuerpo femenino.
Amigo!
Como homenaje a la mujer evita regalar flores maltratadas de la calle, invierte
eso que ganas de más en algo que reivindique derechos.
(*)
“La celebración del Día de la Mujer en el Concejo”. La Silla Vacía. 07 de marzo
de 2012.
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