El amor es una droga muy adictiva, todos nos volvemos idiotas cuando estamos enamorados o creemos estarlo, los efectos de una frase o un mensaje del sujeto del que uno está enamorado son similares a los de las sustancias psicoactivas, estimulan el cerebro al punto de sonreír frente a un aparato electrónico, sea computador o celular.
A veces el amor llega al extremo de no querer vivir sin el dichoso personaje, tal como una adicción, es casi imposible imaginar la existencia sin esa compañía, idéntico a lo que sucede con el adicto a la heroína que necesita su dosis diaria.
Y si alguien dice que uno está perdiendo la cabeza y hasta la vida por ese amor la negación es rotunda, igual que con las drogas, el primer paso para dejarlas es el más difícil porque implica aceptarlo y no ¡jamás! uno siempre será el que tiene el control de la situación así esté muriendo de amor o con necesidad de tomarse, inyectarse o fumarse la droga favorita.
Cuando llega el final de la relación amorosa hay tanta necesidad de sentirse amado que muchos resultan mendigando amor, lo mismo que el que pide monedas para bazuco, el cerebro y el cuerpo sienten el vacío de aquello que ya no se le proporciona, llámese amor o alucinógenos, que algunos quieren morirse literalmente de amor o robar para drogarse.
Dicen que las drogas matan las neuronas y por eso muchas personas hacen estupideces cuando se drogan pero qué enamorado no se ha dispuesto a dar serenata a capela sabiendo que no tiene buena voz, es lo mismo, el cerebro queda tan afectado que luego de una ruptura sólo se activa la parte que permite recordar y esos recuerdos también matan.
Por eso es mejor decirle NO a las Drogas, NO al Amor y así vivir plácidamente con la certeza de que nada le hará a uno daño.
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