Hay lugares a los que uno viaja por descanso o diversión, a muchos otros se llega por trabajo, ese siempre ha sido el caso cuando he ido a Arauca, la capital del departamento que lleva el mismo nombre.
La primera vez fue en abril de 2008, el avión en el que iba tenía capacidad para 50 pasajeros, incluida la tripulación, era pequeño y aún conservaba su olor a nuevo. Al hacer check-in en el Aeropuerto El Dorado en Bogotá había escogido el puesto que da a la ventana, sin embargo, cuando subí al avión había una niña de unos 12 años sentada en mi lugar, tuve el dilema moral sobre si pedirle que se retirara, pero como pudo más mi gusto por ver el paisaje, la niña se cambió a la silla contigua que era la que le correspondía, una vez despegó el avión dijo “¿me puedes dar la mano? Es que me da miedo”, me sentí mal por no haberle cedido mi silla, pero luego el sentimiento se desvaneció y comenzamos a hablar.
El vuelo transcurrió tranquilo, sin precipitaciones, ya
llegando la niña me volvió a tomar de la mano,
cerró muy fuerte los ojos y no
pudo evitar dar un pequeño grito, la apreté fuerte para que sintiera seguridad
aunque debo confesar que también sentí nervios por el aterrizaje.
Lo primero que percibí al llegar fue el calor, la poca brisa que pasaba era caliente y no había manera de refrescarse más que teniendo el aire acondicionado lo más frío posible, según el IDEAM* la temperatura promedio del año es de 35 grados centígrados, con una máxima de 40 grados y humedad del 75%, según comentaban los lugareños había días en que se percibían temperaturas de 45 grados, en conclusión, el calor era insoportable.
Normalmente cuando se habla de Arauca muchas personas no recuerdan que es un departamento fronterizo con la hermana República Bolivariana de Venezuela, pues a pesar de que yo lo sabía fue sorprendente ver la influencia del país vecino en esta ciudad: en las tiendas primaban los productos venezolanos, en la televisión gran cantidad de canales eran también venezolanos y en las calles la mayoría de carros tenían placas obviamente venezolanas.
Incluso el gran atractivo es ir a El Amparo**, municipio venezolano hasta donde hay paso libre (sin permiso o visa) para colombianos, allí se compran víveres y elementos de aseo por precios 3 veces más bajos que en ciudades como Bogotá.
Para llegar sólo se necesita un carro con placa de Venezuela, para evitar la suspicacia de la Guardia venezolana, bolívares y un maletín discreto pues según decían sólo se pueden comprar 3 productos iguales para evitar el monopolio.
Aunque también se puede pasar en lancha o canoa, así lo hice una vez por invitación de un guía local voluntario, por tan sólo mil pesos navegamos por el río que divide a Colombia de Venezuela en una embarcación de madera impulsada por el remo de su dueño. Confieso me asusté al subir, en el recorrido y al bajar, imaginaba el momento de caer al agua pues la canoa se tambaleaba y no contábamos con chalecos salvavidas por si pasaba algo, "eso aquí no se usa" me dijo el señor que me acompañaba, fueron 5 minutos largos.

El Amparo desde Arauca por el punto donde cruzan las lanchas.
Fotografía y pie de foto tomados de la versión web del periódico El Mundo de España. http://www.elmundo.es/america/2011/02/06/colombia/1297004520.html
¿Qué más puedo decir de Arauca Capital? que es una ciudad con ambiente de pueblo, pequeña, de casas grandes con techos altos, donde se acostumbra a almorzar de 12 a 2 de la tarde tiempo en el cual todos los almacenes cierran, con gente muy amable y orgullosa de su municipio, un lugar en el que la tranquilidad es más un ambiente de tensa calma pues los problemas de seguridad en el departamento no cesan pese a que cuentan con un Distrito Militar y una Estación de Policía en la capital.
A Arauca fui 3 veces más, las novedades del último viaje fueron el cambio de avión por uno de mayor capacidad y que esa vez sí fui preparada para las comprar, llegué a Bogotá con una caja llena de jabones, cremas dentales, desodorantes que me duraron todo un año.
* Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia.
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