domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Bailas? No, gracias.

No entiendo por qué a tantas personas les gusta bailar en pareja, para mí es una tortura, sólo pensarlo me hace sentir incómoda, sentir el cuerpo de un extraño tan cerca me parece invasivo y algunas veces desagradable.

La aversión la he tenido siempre, pero, como todo ser humano en busca de aceptación, lo hice durante un tiempo, bailé con amigos, con tíos, primos y hasta con mi abuelo, bailé en pareja, en círculo, en trencito, bailé en la fiesta familiar, de rumba con desconocidos y en la reunión de la empresa. En todas las ocasiones y en todos los escenarios bailé ocultando que no me gusta hacerlo o, tal vez, aceptando que es algo que me tocó por el hecho de haber nacido en un país latino y tropical, sin negar claro, que por momentos llegué a disfrutarlo.

Pero es que una cosa es soltar el cuerpo y dejarlo que se exprese a través de los movimientos y otra muy distinta es tener sincronía con un sujeto al son de merengue, salsa o vallenato, cuando uno simplemente se deja llevar por la música se siente libre, sólo hay que sentir, pero cuando hay que coordinar con otro siquiera para no pisarse hay una verdadera tensión, no es nada agradable para mí.

Siempre digo que lo mío no es el baile, que tengo el paso del robot, que no tengo ese espíritu latino, en realidad no es así, hasta buen ritmo tengo, lo que pasa es que mi mente bloquea mis extremidades y me vuelvo un tanto torpe, pero es más por andar pendiente del ritual en sí: la invitación del tipo a bailar, el agarrón de mano, la inevitable charla, estar alerta de que no se le baje la mano a la nalga, sentir el sudor de la otra mano o la alta temperatura corporal, parecer agradable, en fin, es eso lo que me fastidia.

Sé que para muchos es indispensable que su pareja sepa bailar, dicen que es un afrodisiaco, para mí no, hace unos días concluí que eso del baile en pareja no es más que una convención social, como ayudar a los ancianos o saludar al lugar donde uno llega, nada más. De hecho, es una manera de seducir, lo fue la cumbia y lo es el reguetón, pero eso es lo que no soporto.

Por eso, en virtud de la poca madurez que puedo tener, me declaro evadida de todo plan que implique bailar en pareja.

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