viernes, 22 de noviembre de 2013

Fiebre de Fútbol

Otro partido de la Selección Colombia, otra vez ese ánimo fiestero, las calles inundadas de camisetas y banderas con los colores amarillo, azul y rojo, de nuevo esa fe que promete lo que sea con tal de que el equipo gane, los televisores a todo volumen y los bares repletos de fervientes hinchas.

Sí, es cierto, no me gusta el fútbol, me aburre, hubo una época en la que gustó mucho incluso estaba pendiente de las ligas extranjeras, los puntajes y hasta de los cambios de los jugadores a uno u otro equipo, pero eso se acabó hace ya un buen tiempo y prefiero que así sea, el motivo es simple: no estoy de acuerdo con ese orgullo patrio que invade todas las actividades previas y posteriores a los partidos de la Selección.

Por supuesto entiendo que en un País como este donde hay tantas situaciones difíciles la gente hastiada prefiera olvidarse de todo y dejarse llevar por las alegrías que ahora trae el fútbol, claro cuando no es entre equipos regionales, sin embargo, creo que tanto entusiasmo mediático no es más que un efecto distractor que anestesia toda crítica posible y que da vía libre a quienes con su poder siguen sacando provecho de lo que a todos nos pertenece.

Sé que mezclar fútbol y política es algo así como un coctel molotov, incluso son temas prohibidos en la mesa porque causan tanta polémica que indigestan, pero lamentablemente extraerse de la realidad sólo ahonda los problemas y de alguna manera le resta credibilidad al ejercicio ciudadano de control y veeduría, al fin y al cabo hay que celebrar el triunfo o ahogar la pena de la derrota y como cada uno tiene sus problemas "para qué nos amargamos si  nada va a cambiar".

No pretendo decir que está bien o mal dedicarle tiempo a vivir el fútbol, sólo quiero dar cuenta de otra postura que no encuentra diversión esas casi dos horas de juego, que no sufre por un tiro de esquina sino por concentrarse para continuar con su vida, que siente miedo de pedir permiso para una cita médica porque tal vez piensen que es para volarse a ver el partido o al que tal vez dejaron plantado en una cita porque no alcanzaron a salir antes de que comenzara.

Y es que en este País supuestamente pluralista es bastante problemático opinar que a uno no le importa el resultado de los partidos de la Selección Nacional, tristemente la dictadura de las mayorías critica y tilda de antipatriotas o amargados a los que no disfrutamos del fútbol colombiano, pero no se trata de eso, es que sencillamente no se comparte el gusto, tan sólo preferimos invertir esos minutos en algo que nos produce mayor alegría o que sí nos resulta interesante.


Ahora que ya Colombia se encuentra clasificada a la Copa Mundial de Fútbol y que la gente celebró con cerveza y harina en las calles no sobra hacer un llamado a la cordura para que exista ese mínimo respeto por el ciudadano para el que su vida no gira en torno al fútbol, para que deje de ser un problema eso de no estar de acuerdo con el orgullo patrio que por la emoción tal vez deja de lado la realidad de País en el que vive, para que no traten de contagiarnos su fiebre de fútbol.

Publicado en Opinión a la Plaza el 20 de octubre de 2013.

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