Otro partido de la Selección Colombia,
otra vez ese ánimo fiestero, las calles inundadas de camisetas y banderas con
los colores amarillo, azul y rojo, de nuevo esa fe que promete lo que sea con
tal de que el equipo gane, los televisores a todo volumen y los bares repletos
de fervientes hinchas.
Sí, es cierto, no me gusta el fútbol, me
aburre, hubo una época en la que gustó mucho incluso estaba pendiente de las
ligas extranjeras, los puntajes y hasta de los cambios de los jugadores a uno u
otro equipo, pero eso se acabó hace ya un buen tiempo y prefiero que así sea,
el motivo es simple: no estoy de acuerdo con ese orgullo patrio que invade
todas las actividades previas y posteriores a los partidos de la Selección.
Por supuesto entiendo que en un País como
este donde hay tantas situaciones difíciles la gente hastiada prefiera
olvidarse de todo y dejarse llevar por las alegrías que ahora trae el fútbol,
claro cuando no es entre equipos regionales, sin embargo, creo que tanto
entusiasmo mediático no es más que un efecto distractor que anestesia toda crítica
posible y que da vía libre a quienes con su poder siguen sacando provecho de lo
que a todos nos pertenece.
Sé que mezclar fútbol y política es algo
así como un coctel molotov, incluso son temas prohibidos en la mesa porque
causan tanta polémica que indigestan, pero lamentablemente extraerse de la
realidad sólo ahonda los problemas y de alguna manera le resta credibilidad al
ejercicio ciudadano de control y veeduría, al fin y al cabo hay que celebrar el
triunfo o ahogar la pena de la derrota y como cada uno tiene sus problemas
"para qué nos amargamos si nada va a cambiar".
No pretendo decir que está bien o mal
dedicarle tiempo a vivir el fútbol, sólo quiero dar cuenta de otra postura que
no encuentra diversión esas casi dos horas de juego, que no sufre por un tiro
de esquina sino por concentrarse para continuar con su vida, que siente miedo
de pedir permiso para una cita médica porque tal vez piensen que es para
volarse a ver el partido o al que tal vez dejaron plantado en una cita porque
no alcanzaron a salir antes de que comenzara.
Y es que en este País supuestamente
pluralista es bastante problemático opinar que a uno no le importa el resultado
de los partidos de la Selección Nacional, tristemente la dictadura de las
mayorías critica y tilda de antipatriotas o amargados a los que no
disfrutamos del fútbol colombiano, pero no se trata de eso, es que
sencillamente no se comparte el gusto, tan sólo preferimos invertir esos
minutos en algo que nos produce mayor alegría o que sí nos resulta interesante.
Ahora que ya Colombia se encuentra
clasificada a la Copa Mundial de Fútbol y que la gente celebró con cerveza y
harina en las calles no sobra hacer un llamado a la cordura para que exista ese
mínimo respeto por el ciudadano para el que su vida no gira en torno al fútbol,
para que deje de ser un problema eso de no estar de acuerdo con el orgullo
patrio que por la emoción tal vez deja de lado la realidad de País en el que
vive, para que no traten de contagiarnos su fiebre de fútbol.
Publicado en Opinión a la Plaza el 20 de octubre de 2013.
Publicado en Opinión a la Plaza el 20 de octubre de 2013.
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