sábado, 20 de julio de 2013

Una sensación extraña

Llevo algunos días tratando de darle respuesta a la entrada anterior, pensando cómo describir 15 días en un país con otras costumbres, intentando concretar ideas sobre lo que se siente vivir en un lugar distinto a Colombia, sin embargo, creo no tener el poder de síntesis que requiere este formato de blog porque hay tantas situaciones que quisiera comentar que tal vez abarcaría demasiados caracteres que sólo llevarían a concluir que se siente bien.

Por supuesto ese bienestar es una sensación extraña porque no es que me haya sentido totalmente segura, efectivamente la paranoia no se quita, sólo se apacigua un poco y con el pasar de los días se va volviendo habitual no sentirla pero se dispara con cualquier movimiento o situación, es algo que se lleva dentro, es como una forma de mantenerse alerta.

Además, los medios de comunicación argentinos, que son sensacionalistas en cualquier lugar del mundo, no hacían otra cosa que dar detalles del homicidio de una adolescente por parte del portero de su edificio, fue tan horrible saber eso que hubo días en que mi paranoia se agudizó y me sentía asustada, lo que indica que a veces vale más la percepción de seguridad que el hecho mismo de la inseguridad.

Pero como ese fue más un hecho aislado debo resaltar que se siente muy bien eso de no estar desconfiando de todas las personas, que uno puede pedirle a un extraño que le tome una foto sin creer que va a salir corriendo por robarse la cámara, de hecho en una ocasión una muchacha se ofreció a tomarme la dichosa foto ¡yo no lo podía creer! que la gente sea amable porque sí y no para embolatarlo y después robarlo me parece sorprendente, no es que aquí no pase pero allá es algo más habitual.

Obviamente, hay personajes que no son muy confiables y como uno está acostumbrado a ´no dar papaya´ le es más fácil tratar de salir de situaciones poco agradables, sin embargo, uno de los días de recorrido por Buenos Aires llegué a un sector no muy recomendable para el turista: calles llenas de vendedores ambulantes, nigerianos vendiendo baratijas y gente por doquier, aún así saqué mi cámara y tomé algunas fotos pero todo estuvo bien, pasé inadvertida y eso ya me hace concluir que sí estaba en un lugar menos inseguro que Colombia, tal vez me tocaron las cosas buenas que siempre viven los turistas pero es preciso señalar que nunca tuve un susto o estuve en una situación de peligro, eso en dos semanas me parece bastante.

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