Estoy muy contenta, emocionada... hoy recibí la donación de un ladrillo ecológico hecho por mi primo Andrés, un economista con maestría en finanzas, alguien de quien nunca me imaginé semejante aporte, no porque no pudiera hacerlo sino porque no sabía que tuviera tan noble intención.
Y es que eso de la conciencia ambiental es algo que todavía suena hippie o como a biólogo loco de los que se encadenan a los árboles para que no los talen, pero no, en realidad es algo que nos toca a todos porque este planeta sólo puede conservarse si nosotros mismos decidimos transformar nuestros hábitos y tener mejores prácticas de consumo.
Esta generación creció con el miedo a que se expanda el agujero en la capa de ozono y tal vez por eso hemos decidido una parte de nuestras vidas, sino toda, a tener buenos gestos con el ambiente: unos reutilizan el papel, otros enseñan cómo hacerlo, algunos más estudian para mejorar esas prácticas y otros tantos dejaron de usar aerosoles para evitar seguir contaminando.
Recuerdo que hace unos 2 ó 3 años tenía un producto en aerosol y mi prima Camila me dijo "contaminadora, eso no se usa", desde ahí no volví a comprarlos, bueno, debo reconocer que en estos días me di cuenta que tengo uno de esos que por supuesto dejaré de usar, pero más allá de eso, lo que me sorprende es que de alguna manera siempre hay alguien o algo ayudándonos a ver que cualquier aporte es válido, útil y necesario.
Como ya he escrito antes yo me le apunto a casi todo lo que suene a "cuidar al planeta": primero fue destinar un lugar de la casa para recolectar el papel, luego incentivar a que mi familia separara en la fuente (antes de que fuera obligatorio en Bogotá) y por último hacer los ladrillos ecológicos, ésto fue gracias a la iniciativa de mi primo Javier que con su fundación me motivaron a disponer de manera útil los plásticos y el papel químico en botellas para la construcción de diferentes estructuras.
Ahora estoy pendiente de adoptar una planta por consejo de mi prima Laura y de tener un perro (para la finca de mis abuelos) por el amor que mis primos Mónica, Juliana, Jorge, Daniel, Camila y Diana les tienen a los suyos, todo porque siento un gran amor por la vida cada vez que le aporto algo al mundo, parece algo de familia, quizás.
Lo mejor es que ya sembré la semilla en mi oficina y algunos de mis compañeros me llevan tapas que se utilizan para reciclar y financiar tratamientos de niños con cáncer y las etiquetas de los productos envasados... Ah y uno de ellos ya tiene su ladrillo ecológico por la mitad.
Por ahora me dispongo a terminar uno de los que llevaré a la recolección que hará la gente de Ecorevolución Bogotá este domingo en el Parque Nacional a las 10:00 de la mañana.
¡Qué grato es poder ver cómo evolucionamos!

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