Estuvimos cuidándolo toda la semana, atendiéndole todas sus necesidades y tratando de darle ánimo a pesar de no ver mejoría en él, le dimos besos y abrazos, le hicimos bromas para que evitara sentirse mal.
Esta noche nos tocó dejarlo en la clínica bajo el amparo del deficiente sistema de salud de este país, en una silla de ruedas, con cobija, tapabocas y anclado a un soporte para suero que le inyectaron, fue triste.
Su cara reflejaba la angustia que le produce estar en ese lugar y el malestar que lleva dentro, fue muy difícil decirle algo que lo alentara porque sólo saber que tenía que quedarse hospitalizado me hizo quebrar la voz, casi no pude disimular.
Y es que alguien tan activo y trabajador como él no puede resignarse a estar sentado o acostado viendo pasar la vida, más allá de los males corporales esta enfermedad le ha afectado el alma, se le nota, casi no se ríe pese a que vive burlándose de todo, me da mucha tristeza verlo así.
¡Qué duro es cambiar de rol! hace poco éramos mi hermana y yo quienes recibíamos la atención por cualquier cosa que nos pasara, ahora debemos ser nosotras las que estén pendientes de nuestros papás, de las citas al médico, de los controles y de las enfermedades como en este caso que es mi papá el que nos tiene en vilo porque no se sabe si el dengue que le dio pudo ocasionar una falla hepática, espero que no sea así.
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