jueves, 24 de enero de 2013

Las cosas de la edad

Al parecer hablar de la edad no es algo que le plazca a la mayoría, aún hay mujeres que prefieren ocultar el dato con el mayor de los recelos, lo cual denota  de que son varios lustros los que acumulan, muchos dicen que aunque la cédula revele un número su espíritu joven demuestra lo contrario, eso por supuesto, es una revelación de su recorrido vital.

No le encuentro problema a decir cuántos años tengo aunque siempre me burlo de los que me superan en edad, sin embargo, cuando uno empieza a ver que los de su generación de colegio o universidad se casan o tienen hijos se da cuenta que ya no es un chiquillo, que los años de juventud se van agotando.

Ayer me reuní con un amigo de la universidad, uno de los temas de los que hablamos fue de cómo pasa el tiempo, de la necesidad o necedad de muchos sobre prolongar su existencia a través de los hijos y concluimos que es eso lo que finalmente envejece a las personas, las responsabilidades, la presión familiar, la inestabilidad económica, todo eso hace que cualquiera acumule años en sólo meses, no es que lo que no tenemos hijos no las tengamos, sólo es que no condicionan la vida de una criatura.

No critico a los que tienen o quieren tener hijos, si es su deseo están en plena libertad de hacerlo, pero creo que ese oficio de madre no es para mí, como decía una jefe que tuve "a duras penas respondo por mí como para responder por otro" y eso que tiene 3 hijos. 

Y es que la edad parece que lleva consigo la carga de hacer una familia, varias veces me ha pasado que al expresar mi deseo de no tener hijos mis interlocutores se asombran y no conciben esa idea, los entiendo, tal vez su sistema de valores no les permite ver otras opciones de vida que no sean tan estándar, el mio no me deja creer que el sentido de la vida sea heredarle al mundo un ser humano con un apellido.

Tal vez sean cosas de la edad eso ponerse a filosofar en medio de unas cervezas sobre el hecho de extender los lazos sanguíneos y, al final, afianzar la idea de evitar el convencionalismo familiar para seguir disfrutando del placer de no aparentar la edad que se tiene y derrochar el tiempo como si no acabara.

En estos tiempos, donde cada año hay una nueva versión de algo, me resulta muy divertido que aún me pidan la cédula para entrar a un bar, el año pasado, por ejemplo, en 3 ocasiones me preguntaron si era mayor de edad: en una tienda naturista para comprar un producto, en una empresa de turismo cuando consultaba sobre pasajes para viajar fuera del país y en un supermercado para comprar un vino, lo que en algún momento fue incómodo porque me consideraban una niña ahora es todo un halago porque sé que aunque la mentalidad de muchos ha cambiado pronto no podré evitar comentarios que incluyan las palabras novio, matrimonio, hijos, qué jartera.

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